Viaje a la galaxia (más amable) de Stockhausen

STOCKHAUSEN:
Cosmic Clarinets. Michelle Marelli, clarinetes. Gianluca Cascioli, piano. KAIROS (1CD)
Ante un auditor descontextualizado, la música de Karlheinz Stockhausen (1928-2007) que contiene este disco de Kairos podría erróneamente retratarle a un compositor formalista pero con tendencias por el buen recaudo de la forma y hasta por cierto acomodo en la tonalidad. Tampoco debe sorprendernos; igual sucedería si a quien no ha oído una sola nota de John Cage se le propusiera la escucha de la pianística In a landscape. Por ejemplo. Que el fiero compositor alemán, autor de algunas de las más importantes y controvertidas creaciones de la música de la segunda mitad del siglo XX, encontrara solaz en la redacción de piezas como las aquí contenidas se explica bajo la comprensión de su propia biografía, con abundantes escarceos místico-espaciales que justificaban abundantes licencias.
O eso o que Stockhausen es ya un clásico. Porque, al igual que la melodía pervive en Tierkreis, también lo hace el serialismo en Gruppen, o el puntillismo en Punkte; y las tres composiciones son hoy aprehendidas y atendidas desde la exposición a gramáticas clásicas, brillantemente empleadas y exprimidas (en toda la fuerza de sus distintos lenguajes) por el compositor. Michelle Marelli invoca, en el título del álbum, Cosmic Clarinets, la pieza electroacústica de Stockhausen Cosmic Pulses (2007), no presente aquí, para “canalizar el espíritu visionario” del autor, ya desde una partitura de las últimas que compuso, perteneciente al ciclo Klang, Harmonien (2006) para clarinete bajo. Ese acorde vibrante que persigue exponer la composición es subrayado por Marelli concienzudamente mediante los patrones de repetición rápida de la página; lo que confiere en la audición una sensación de bucle (en concierto, el solista debe girar en círculo al comienzo de cada una de las cinco secciones que la componen). La música es cadenciosa y compleja técnicamente (vibrato oscilante, glissandi microtonales) y, extrañamente, no esconde un tono casi devocional, de sobrio misticismo.
Bassetsu (1997) es un hilillo para corno di bassetto desgajado de la heptalogía Licht, una brevedad de pocos minutos que ya anticipa al último Stockhausen; en las transformaciones del material hay una concentración que busca un esencialismo centrado en el sonido, ajeno a exploraciones tímbricas. No ocurre así en la canónica In freundschaft (1977), un solo para clarinete adaptado posteriormente a muchos otros instrumentos, en el que el compositor planteó articular la estructura de una fórmula que ha de repetirse siete veces manteniendo la identidad de dos frases melódicas distintas que han de comunicarse “en amistad”. Marelli parece ampliamente familiarizado con su lenguaje, lo que da lugar a una ejecución diáfana en la que las intenciones quedan perfectamente explicitadas y, la mejor consecuencia de ello, saltan a la escucha.
El clarinetista se une al pianista Gianluca Cascioli (con una interesante trayectoria en el repertorio clásico, escúchese un reciente registro suyo en torno a la Sonatas para violín y fortepiano de Mozart junto a Sayaka Shoji) para el ciclo zodiacal Tierkreis (1975-1981) cuyo origen nunca debe pasarse por alto porque es el punto esencial de inicio de todas las adaptaciones que vendrían después (esta entre ellas): es una obra concebida para 12 cajas de música, cada una de ellas sobre un signo del zodiaco. Múltiples reinterpretaciones han sucedido luego, esta para violín y piano (del año 1981) necesariamente le da una pátina de clasicismo notable. Si cada melodía tiene su propio carácter, nota principal y tiempo; los dos músicos implicados aquí trabajan lo suyo para salirse de un marco interpretativo constreñido. Lo hacen mediante las posibilidades de articulación que deja la obra a decisión, las repeticiones de cada melodía, un generoso juego dinámico y, claro está, la ordenación de los signos (se decide empezar por Acuario). En su pasmosa sencillez esta música distraída parece adelantarse a la Nueva Simplicidad que luego cultivarían autores como Wilhelm Killmayer y Howard Skempton. Aunque todo esto a Stockhausen le debía importar bien poco; tras Tierkreis compuso la mastodóntica y galáctica Sirius, obra multimedia para diversos intérpretes. Otra historia.
Ismael G. Cabral


