Vaughan Williams por Pappano

Vaughan Williams por Pappano

VAUGHAN WILLIAMS: Sinfonías 4 y 6 / London Symphony Orchestra. Dir.: Antonio pappano / LSO Live

****

Las grabaciones de Ralph Vaughan Williams se sitúan en el centro del Atlántico. Los intérpretes ingleses -Boult, Barbirolli, Hickox, Handley y, más recientemente, Andrew Manze- se inclinan por la moderación, dejando que la fuerza de la música emerja con sigilo. Los estadounidenses -Stokowski, Previn, Slatkin- son más enérgicos y explícitos. Puede que sean generalizaciones, pero reflejan lo estrechas que son las arterias de la recepción de Vaughan Williams. Ningún director estrella de fuera de Gran Bretaña o de Estados Unidos ha dirigido las sinfonías de RVW, con la honrosa excepción europea del holandés Kees Bakels en Naxos.

¿En qué lugar se sitúan estas lecturas en vivo del nuevo titular de la Sinfónica de Londres, Antonio Pappano? Digamos que en un punto intermedio del recorrido. Nacido en Italia y criado en Londres, Pappano aporta una perspectiva dramática desde su ocupación principalmente operística sin distorsionar los suaves ritmos del paisaje inglés, tan centrales en la idiosincrasia musical del compositor.

En la Cuarta sinfonía, obra en la que, por ejemplo, Adrian Boult se atasca, Pappano se muestra en cambio muy activo, mientras que en la la Sexta desencadena una verdadera ira musical. Son enfoques convincentes y adecuados, que recuerdan en cierto modo a John Barbirolli en los años 30, antes de que sucumbiera al desencanto y a la bebida. La LSO lleva esta música en la sangre desde el minuto uno, y si su claridad en esta grabación es algo menos que prístina, probablemente se deba a la mala acústica de la sala y a la toma de sonido.

La Cuarta (1934) muestra a RVW en su aspecto más sibeliano. La Sexta (1944-47) es meditabunda y morosa, ensombrecida por los acontecimientos mundiales contemporáneos. Estas interpretaciones se llevaron a cabo a mediados de marzo de 2020, justo antes del primer cierre por la Covid-19. La atmósfera refleja inquietud. Pappano evita enfatizar las texturas en los momentos de terror. Deja que la música lo diga todo.