VARNA / Festival de Varna: Héroes “cantando bajo la lluvia”

Varna. Teatro de Verano. 14-VI-2025. Gala inaugural XVI Festival Internacional “Ópera en Teatro de Verano”. Ilina Mihaylova, Aleksandrina Mihailova y Linka Stoyanova, sopranos; Maria Radoeva, mezzsoprano; Reinaldo Droz, Valeri Georguiev, Samuel Robertson, tenores, Plamen Dimitrov (barítono), Deyan Vachkov, bajo. Coro y orquesta de la Ópera de Varna. Dirección musical: Krastín Nastev. Obras de Bellini, Donizetti, Rossini y Verdi.
Apenas había comenzado la obertura de El barbero de Sevilla cuando la lluvia dio al traste con la música de Rossini. A punto estuvo de cargarse también la Gala Inaugural del XVI Festival Internacional “Ópera en Teatro Verano” que anualmente se celebra en la localidad costera de Varna, la hermosa ciudad-balneario búlgara a orillas del azulado Mar Negro. Es el problema de los “marcos incomparables”. De Bregenz a Orange o Verona. En Varna, en su ajardinado Teatro de Verano, que tanto recuerda al auditorio del Generalife de Granada, por fortuna el chaparrón se marchó a los veinte minutos para no volver, y la gala pudo seguir sin más incidencias. Eso sí, siempre con la amenaza de volver y, dejando un ambiente de humedad y frío que colisionaba con la luminosidad que llegaba de unas voces y músicos que fueron héroes.
Hablar de voces en Bulgaria son palabras de mayores. Como hablar de cantaores en Andalucía. En la tierra de Borís Christoff, Dimitrova, Ghiaúrov, Ghiuselev, Kabaivanska, Kasarowa, Stoyanova, Tomowa-Sintow o Spas Wenkoff solo cabe esperar lo mejor. Y así fue esta Gala inaugural, dirigida con oficio, mano maestra y saberes concertantes por Krastín Nastev, en la que junto con un brillante reparto de voces búlgaras, intervinieron y no se quedaron a la zaga dos tenores tan admirables como el estadounidense Samuel Robertson y el venezolano Reinaldo Droz.
Robertson, tenor ligero de amplia proyección y agudos seguros, fue brillante y belcantista Almaviva de El barbero de Sevilla, mientras que el venezolano se metió en la piel y el elma de un Riccardo (Ballo in maschera) cargado de empaque y convicción. Ambos fueron Nemorino: el estadounidense con una palpitante y sutilmente delineada “Furtiva lagrima” que supuso uno de los momentos álgidos de la larga noche, y Droz convertido en el borrachuzo enamorado que canta el dúo con Adina, encarnada por la búlgara Ilina Mihajlova, quien antes había sido una Rosina (El barbero) ligera y de agudos radiantes, pero lejos de estilo, más verista que belcantista.
Otro de los momentos estelares de la noche, dedicada en su primera parte al belcantismo de Rossini, Donizetti y Bellini, y la segunda exclusivamente a Verdi, llegó en el gran dúo entre Arturo y Elvira, de I Puritani de Bellini, en el que Robertson y la soprano Aleksandrina Mihailova derrocharon sintonía, empaste y recursos vocales, que luego ella revalidó en el pirotécnico y célebre “Bolero” de I Vespri siciliani. Otra de las voces triunfadoras de la noche fue la deslumbrante mezzo Maria Radoeva, cuya vocalidad pletórica tanto recuerda a la inolvidable Dimitrova, mientras que su cariz dramático la acerca a la Callas. Voz y artista de primera, con carácter y poderío vocal, depositaria del arte de su maestra Raina Kabaivanska, se lució en una “Canción del velo” (Don Carlo) para el recuerdo y en el gran dúo entre Amneris y Aida, encarnada la esclava por Linka Stoyanova, soprano de clase y tablas, miembro estable de la Ópera de Varna.
Brilló también el bajo Deyan Vatchkov, quien en su única intervención hizo lucir su potente materia vocal en una “Calumnia” de El barbero de Sevilla cuajada de intención y picardía. Ni el tenor Valeri Georguiev –nada que ver con el director ruso– en un “Celesta Aida” exagerado, rudo y a lo Canio, ni el barítono Plamen Dimitrov, con un caricaturizado “Largo al factotum” fuera de estilo y maneras, hicieron gloria a sus ilustrísimos antepasados. Uno y todos contaron con la dispuesta colaboración del Coro y Orquesta titulares de la Ópera de Varna y el gobierno maestro de Nastev. La marcha triunfal de Aida y y un oportuno castillo de fuegos artificiales fueron colofón triunfal de esta gala en la que todos –público incluido– fueron héroes “cantando, tocando y escuchando bajo la lluvia”.
Justo Romero
(fotos: Rosen Donev)


