VALLADOLID / OSCyL: Homenaje a Ximo Clemente, contrabajista

Valladolid. Auditorio Miguel Delibes. 1-X-2026. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Oboe: François Leleux. Director: Thierry Fischer. Obras de Haydn y Prokofiev.
La temporada de la OSCyL se abrió anoche con un sentido homenaje a su contrabajista Ximo Clemente Riera, fallecido este verano a los 44 años. Este es el modo en que se honra a un amigo en un país civilizado. Quienes alguna vez compartimos atriles con él vimos una personalidad diferente, un tipo verdaderamente especial, dentro y fuera del escenario.
Muy alto se ha autoimpuesto el nivel nuestra querida OSCyL para la presente temporada que, un año más, se inicia con récord de abonados: más de 4.000. Un Thierry Fischer maestro contó con el prodigio del oboísta François Leleux en el concierto atribuido a Haydn, quien nos permitió admirar la magia pocas veces vista de que es capaz su instrumento.
La Sinfonía nº 1 de Haydn, nada menos, fue el símbolo con que se abrió el curso y la impresión creada fue la del mejor Haydn. Energía, exactitud y toda la intención en las escalas ascendentes y en el crescendo inicial. El excelente papel del viento en empaste fue subrayado por todas las buenas ideas que Fischer puso en la cuerda. Andante encantador y rico en su galante expresividad, con un control natural y preciso del tempo. Allegretto punzante y enérgico, como corresponde a la mejor versión del cohete de Mannheim.
Otro Haydn muy diferente (sólo en algunos compases se puede «casi asegurar» que quizá no es Haydn) comenzó con el Concierto para oboe en Do mayor. El solista entró un poco desconcentrado, eso es cierto, lo que le llevó a dejarse algunas notas por el camino, pero el problema quedó olvidado en segundos y enseguida se le vio sobrado en su papel. François Leleux posee una personalidad rara vez vista al oboe. Hace cosas (finales de frase, contrastes de articulación) que nadie parece haber hecho antes, en especial en el Clasicismo. Respecto al control sobre su instrumento, esos pianísimos del Andante solventan con absoluta naturalidad el problema de traspasar los límites físicos que se suponen a una lengüeta doble. Su intuición melódica es apabullante y no deja de sorprender en cada compás, tanto que hace quedar lejos en el tiempo a los grandes maestros oboístas de la fonografía. Como curiosidad, cuando la orquesta atacó como propina el célebre adagio del Oratorio de Pascua con oboe obbligato de Bach, quisimos pensar que semejante joya podría alcanzar cotas de divinidad: no fue así. Parece que Leleux se desenvuelve mejor pasándolo bien en Haydn que en una cosa tan seria.
Con una selección de Romeo y Julieta de Prokofiev nos dio la bienvenida la enorme OSCyL de las grandes ocasiones. Ya se ha indicado en SCHERZO que, cuando Fischer se pone a trabajar, sabe extraer las mejores cualidades de su orquesta. Por encima de la excelencia en la narración (que no es poco); más allá de la justa medida de los estruendos y del equilibrio en los que en otras temporadas cojeó en la OSCyL; dejando aparte la pertinencia del dramatismo, de lo grotesco, de la tragedia y de los toques de humor de esta inigualable historia musical de Prokofiev; más allá de todo ello, nuestra OSCyL creó una organización sinfónica provocadora del más alto de los gozos intelectuales.
Que la Junta de Castilla y León cuide bien a su orquesta, como viene haciendo, ponga todas las facilidades a su equipo de gestión y pague bien a sus músicos. Una orquesta así es un bien artístico y social de valor incalculable, como una nueva catedral.
Enrique García Revilla


