VALLADOLID / OSCyL: Gran orquesta, poco a fondo

Valladolid. Auditorio Miguel Delibes. 15-X-2026. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Cantaora: Marina Heredia. Director: Pablo Rus Broseta. Obras de Falla, Debussy y Mel Bonis.
Poco, poquísimo se interpreta la suite Homenajes, de Falla, una obra de un valor musical muy superior al que se le podría presuponer al ser una partitura ausente de numerosas salas de conciertos. Con la dirección de Pablo Rus Broseta, uno de los mejores directores españoles de su generación, estos homenajes regresaron felizmente a los atriles de la OSCyL, lo cual constituye motivo de felicitación a los responsables, en especial porque, tal como se indica en el programa de mano, tan solo una vez sonó aquí esta partitura, hace nada más que treinta años. En la Fanfarria sobre el nombre de Arbós, Falla deja la marca de maestría que ya adelantó en El Retablo. Rus Broseta, muy correcto, fio su éxito a la confianza en sus buenos músicos, pero quizá se dejó escapar la personalidad melódica de los homenajes a Debussy y a Pedrell. Este último, fragmento de un Falla maestro, tuvo todo en su sitio, pero se pudo haber sacado mayor partido de toda expresión, de los toques arcaizantes del compositor y de las reminiscencias de La Celestina.
La versión de 1925 de El amor brujo contó con el timbre rasgado de la cantaora Marina Heredia, quien habría hecho enorgullecerse de su obra a don Manuel. Ancestral, agitanado y desgarrado, puso su contraste tímbrico frente a una orquesta sinfónica académica. Con todo, no resulta nada fácil ver un Amor brujo convincente. Muchos de quienes me lean con cierta regularidad estarán esperando ya mi diatriba contra el empleo de la amplificación eléctrica. Aquí la tienen, una vez más: todo lo que toca la electricidad en una sala de conciertos lo malogra. El contraste entre el sonido natural de la orquesta y lo amplificado resulta artificial y falso. Si se interpreta la música del pasado con arcos barrocos, cuerdas de tripa, metales naturales, etc., todo ello para guardar fidelidad a las condiciones originales de interpretación, ¿por qué se electrifica a Falla? La electrificación implica otro timbre muy diferente al que imaginó el autor.
Los Nocturnos: nubes y fiestas de Debussy se presentaron en una orquesta más seria, quizá más ensayada. Fueron muy bienvenidos, por fin, tanto la riqueza de matices como los timbres contrastados. Mucho mejor trabajo de dirección en todos los sentidos, con una buena diferenciación de planos que buscan y ceden su momento de presencia. Entre Falla y Debussy, una rareza en el programa como es la compositora Mel Bonis (Mélanie), parisina, alumna de Franck y contemporánea de Debussy. Su obra El sueño de Cleopatra, posee inspiración tímbrica y melódica, además de un manejo sabio de la orquestación. Quizá podría apreciarse que, con el fin de poder extraer lo mejor de ella, la obra necesitaría un cierto rodaje además de un mayor cuidado de disección.
De nuevo en Debussy, el trabajo dio su fruto con Iberia, obra de un compositor que, como un Balzac o un Dickens, destaca como gran observador del mundo y de los pueblos. Con un punto de fatiga en el público, debido a la duración del concierto, la OSCyL retomó en estas Imágenes para orquesta las cualidades por las que Debussy salió ayer vencedor sobre Falla. Mayor claridad en las intervenciones, diferenciación pertinente de jerarquías sonoras y, por descontado, gran papel de todos los solistas, en especial, por la enorme ayuda al director en todo el concierto, de su primer atril de violines con Luis M. Suárez y Beatriz Jara.
Enrique García Revilla


