VALLADOLID / La sociedad perfecta (arranca la temporada de la OSCyL)

VALLADOLID / La sociedad perfecta (arranca la temporada de la OSCyL)

VALLADOLID /  Auditorio Miguel Delibes. 28-IX-2020. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Piano: Iván Martín. Director: Víctor Pablo Pérez. Aforo reducido completo. Obras de Haydn y Mahler.

La OSCyL inicia la etapa post-Gourlay, el anterior director titular, y rompe el hielo con el pianista Iván Martín sobre el escenario como catalizador principal de la emoción, el recuerdo e incluso la oración de todo un auditorio. Sin duda, este artista es de aquellos que son capaces de transmitir y convencer de que la música que interpreta fue compuesta por el autor favorito de cada oyente. El Concierto para piano nº 11 en Re mayor de Haydn aparece en sus manos como un cristal extremadamente delicado, a punto de romperse en cualquier instante, pero también transparente, puro y lleno de verdad. Sus fraseos, diálogos y cadencias, dan la sensación, mientras dura la obra, de que Haydn es el compositor más inspirado de la historia, sencillamente porque Iván Martín es el pianista completo en cuanto a técnica, sabiduría e intuición artística. El respeto mutuo con Víctor Pablo en una sociedad que no dejaba sospechar aristas admite todos los calificativos aplicables al Clasicismo (mesura, proporción, armonía…).

La misma plantilla clásica de Haydn sirvió a Víctor Pablo para interpretar la sorprendente versión de la primera de Mahler, concebida como obra de cámara por Iain Farrington. Si bien es cierto que la música “funciona” por sí misma como tal en dicho arreglo, también lo es que la interpretación resulta un ejercicio de riesgo, un cable tendido del que uno está expuesto a caer en cualquier pentagrama. Por ello, y al ser la Titán tan conocida, conviene que sean sólo los grandes trabajadores del sonido quienes se pongan al frente del mismo, pues no parece lugar para diletantes. El ensamblaje de cada instrumento de viento, sólo uno de cada, en sus intervenciones con otras secciones precisa de un grado sumo de perfección en el timbre y de cantidad exacta de emisión que los solistas de la OSCyL superaron en alardes de sorprendente naturalidad. La orquesta se maneja con soltura en los pianísimos, seña de identidad de Víctor Pablo; el maestro logra expresividad en cada compás, de tal manera que en sus manos nunca un mezzopiano o un mezzoforte suenan cotidianos: el oído sabe al llegar a ellos que viene de tres o cuatro dinámicas más abajo y que aún dispone de un espacio tan amplio para crecer del que no se atisba un límite. De entre las cualidades de la versión que sacó a la luz Víctor Pablo pueden subrayarse, en el primer movimiento, un mayor peso de la atmósfera pastoral, que destaca en detrimento del inicio cosmogónico del original; el ambiente decadente del fin de un imperio también quedó patente en el scherzo, que lustró con una atractiva pátina rústica y áspera por momentos; y en cuanto al tercer movimiento, el ambiente camerístico favorece asimismo el toque grotesco del elemento hebraico.

La sociedad perfecta, por tanto, apoyada en tres pilares, orquesta, solista y director. Si la OSCyL comienza su búsqueda de un nuevo titular, tiene a los mejores en casa.