VALLADOLID / La consagración de Elim Chan con la OSCyL

Valladolid. Auditorio Miguel Delibes. 13 y 14-XI-2024. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Violonchelo: Ivan Skanavi. Directora: Elim Chan. Obras de Dvorák y Stravinsky.
Cara y cruz en uno de los programas más esperados de la temporada, con el Concierto para violonchelo de Dvorák y La consagración de la primavera en los atriles, y la dirección de una de las favoritas del público de Castilla y León, la hongkonesa Elim Chan, directora asociada de la OSCyL desde la temporada pasada.
La parte negativa tiene que ver con la falta de equilibrio entre violonchelo solista y orquesta durante la obra de Dvorák, que se tradujo en fragmentos inaudibles cada vez que la orquesta subía un poco su volumen. No se trata de negar aquí la capacidad técnica y expresiva de Ivan Skanavi. Su instrumento posee un sonido blando y esponjoso que puede ser bello en música de cámara, pero no es brillante para concertar con fuerzas sinfónicas ni para llenar un auditorio. Los espectadores de las butacas cercanas al foco sonoro emisor fueron los afortunados de las dos tardes en las que, en demasiados momentos, muchos vimos al solista en movimiento, pero no escuchábamos lo que tocaba. La obra es tan conocida en todos sus rincones melódicos que el cerebro del oyente se encarga de completar lo que falta, pero la realidad es que el tiempo de ensayo dedicado por la orquesta quedó desaprovechado al contar con un solista de tan escaso brillo sonoro. Ciertamente, la OSCyL, en especial los vientos, se movió en muchos instantes al límite de lo posible en torno al piano, pero quizá debería haber incidido más en ello a lo largo de la obra y hacer el difícil esfuerzo de bajar su dinámica hasta poder escuchar al chelista. Los juegos de tutti y cámara de Dvorák quedaron en sonido distinguido, rotundo y convincente en la orquesta, pero en una obra en la que el protagonista es tan destacado, un solista de sonido insuficiente hace inservible todo el buen trabajo que ha habido detrás. En la noche del día 13, este estuvo menos acertado, tanto en algún desliz demasiado evidente de afinación como por la propina elegida, una obra poco interesante compuesta por un amigo suyo.

La decepción de tal desaprovechamiento de una obra cumbre no duró más que hasta el arranque del fagot en La consagración, sin prisa, larguísimo, bello y expresivo en su arriesgado agudo. Aquí nos reencontramos con la figura gigante de Elim Chan, enorme trabajadora, elocuente comunicadora con sus músicos y descomunal en su presencia sobre todos los aspectos técnicos y expresivos de la partitura. La gran OSCyL, bien ensayada en la claridad de todos los planos y de precisión técnica individual y colectiva, especialmente el día 14, ofreció lo mejor de sí misma en todos los aspectos, no sólo en lo más llamativo, como las danzas más frenéticas, de enorme efecto, sino en la intención de cada sección de la partitura, de cada frase y de cada compás, cada uno de los cuales cobra sentido como consecuente de lo anterior y como antecedente de lo que va a suceder inmediatamente. Como ejemplo, sonó sumamente original y enigmático el fragmento Rondas primaverales, largo y fluido en requinto y clarinete bajo, asimismo sin ninguna prisa, para potenciar la atmósfera primitiva en sus recuerdos de pentatonía, que, quizá por sugestión, acercaban el escenario de los ritos hacia el oriente de la Rusia asiática. Resultó curiosa y de acertado efecto la modificación del tempo en los once célebres «hachazos» de la Glorificación de la elegida, más pesantes el primer día y más ligeros el segundo, para incardinarlos mejor en la narración. La labor de disección y de trabajo al detalle en los ensayos resultó fructífera para que todo lo escrito en la partitura, tanto notas como matices, fuese reconocible.
En la OSCyL se comprobó que Stravinsky escribió para que la fusión de timbres entre la madera la hiciese sonar como un solo instrumento, para que los metales desde atrás no se comieran los efectos de una cuerda sobresaliente en precisión, energía y afinación. Juegos de acentos en los arcos, expresividad en los solos de la madera, intención en trompas, dramatismo en maderas, poderío en trombones, la verdad es que todo el catálogo técnico y artístico planteado por el compositor se exhibió como nunca en una OSCyL de las mejores, con una directora grandísima, en una interpretación tan diferente, tan fluida y bien concebida para servir a un ballet, que unas líneas no dan para hacer idea de la gran obra de arte de Stravinsky, Elim Chan y la OSCyL.
Enrique García Revilla


