VALLADOLID / Día festivo en la OSCyL con María Dueñas y Vasily Petrenko

Valladolid. Auditorio Miguel Delibes. 13-III-2025. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. María Dueñas, violín. Director: Vasily Petrenko. Obras de Saint-Saëns y Ravel.
La presentación en Castilla y León de María Dueñas tiene lugar no ya como la de una niña prodigio que va acercándose a la edad adulta, sino como la de una verdadera maestra, madura y plena de personalidad, con un repertorio más que serio y un mérito artístico a la altura de maestros históricos. Cierto es que quizá podría escuchar consejos de quienes, en directo, la escuchen desde diferentes distancias en un patio de butacas tan extenso como el de la sala López-Cobos, con el fin de comprobar cuestiones técnico-acústicas como el efecto de su amplio vibrato en la distancia o la cantidad de sonido efectivo que llega a cada parte del auditorio.

Con su altísima almohadilla y la base sólida, bien aplomada y fiable de la OSCyL, que la acompañó con apasionamiento en el Concierto nº 3 de Saint-Saëns, Dueñas busca convertir todo en fuente de expresión, tanto su vibrato como los golpes de arco. Petrenko pidió contención en todo momento a la orquesta en el agitado allegro ma non troppo. El andantino, con la complicidad de los solistas de la OSCyL, se presentó como una delicada pastoral, con el mismo vibrato amplio del resto del concierto y un buen gusto en el fraseo propio de artistas con varias décadas de experiencia. En el agitado movimiento final, solista y director conciertan un equilibrio entre virtuosismo y lirismo, sin acusar exceso de solista. Sin duda, a la altura de maestros históricos, sí y, además, con todo un infinito horizonte aún por delante. Flores para María Dueñas, gran ovación de un auditorio con todo vendido desde varios meses atrás, niñas con más flores tratando de hacérselas llegar y rostros de admiración entre los músicos, veteranos y noveles, de la OSCyL hacia la joven artista.

Daphnis et Chloé, de Ravel es una partitura frecuente en los auditorios cuando se interpretan sus dos suites, como hizo Petrenko en su aún resonante gira con la JONDE de hace un par de meses. Es una rareza, no obstante, en su versión original, ballet en tres partes y casi una hora de duración. Por vez primera en los atriles de la OSCyL, se entiende que esta obra maestra de la orquestación, obra de un platero en la que no queda un rincón sin llenar de movimiento y color, obtenga mayor éxito en la versión reducida, que toma lo mejor de la partitura. Como si el Daphnis fuera la fachada de la Universidad de Salamanca, la complejidad de dibujar incansablemente tantos minutos de engranajes, todos ellos perfectos, pues es la perfección la principal característica que unifica toda la obra del autor en sus diferentes estilos, esa complejidad, decía, mantiene al máximo la exigencia técnica de la orquesta. En ese marco básico, Petrenko con su OSCyL, busca destacar los motivos principales y que ningún efecto ni acompañamiento quede ahogado. El director asociado de la orquesta presentó su trabajo de precisión, demostrando un conocimiento profundo de la partitura a través de una portentosa memoria fotográfica.
La OSCyL en su exquisito nivel habitual, si bien con margen de mejora en una obra con tantos rincones endemoniados en cuanto a exigencia de tiempo de trabajo, tiene a su público rendido y cuenta, además, con un sincero reconocimiento social como uno de los grandes activos culturales de Castilla y León.
Enrique García Revilla


