VALLADOLID / Alexander Gavrylyuk y la OSCyL: comprender a Chaikovski

Valladolid. Auditorio Miguel Delibes. 20-XI-2025. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Piano: Alexander Gavrylyuk. Directora: Katharina Wincor. Obras de Lera Auerbach, Chaikovski y Rachmaninov.
Dentro de la filosofía que parece haber adoptado la actual gerencia de la OSCyL de ofrecer una obra contemporánea para abrir varios de los programas, ayer tocó el mayor acierto de la temporada hasta la fecha con una partitura que supera lo que suele ser habitual, a saber, buenos ejercicios de orquestación que buscan explorar recursos orquestales de todo tipo. Icarus (2011), de la rusa Lera Auerbach (nacida en Cheliabinsk, no muy lejos, hablando en términos rusos, del Vótkinsk natal de Chaikovski), además de poseer lo anterior, es una obra que resulta interesante por la coherencia con que estructura su variedad interna. Los momentos líricos se suceden con otros de dramatismo expresivo y quedan unificados por varios elementos, como pueden ser las intervenciones del concertino. Una partitura que sería bien recibida en futuras interpretaciones.
La directora invitada, la austríaca Katharina Wincor, traía sus papeles muy bien estudiados y logró un equilibrio artístico de primera con Gravrylyuk, el solista del Concierto para piano nº 1 de Chaikovski. Creo que no es fácil escuchar esta obra con resultado satisfactorio, casi siempre por culpa de los balances. Una vez que se tiene esto, sólo queda todo lo demás, es decir, los infinitos matices que hacen de una interpretación un momento artístico a la altura de la partitura del compositor ruso. En este sentido, el solista vino a decirnos que no sólo interpreta este concierto tan bien como cientos de pianistas, sino que comprende al compositor: conoce su biografía, ha estudiado sus obras y sabe qué quiere decir el autor y de qué manera se traduce esto en música y en interpretación. Todo el discurso, todos los temas, entonces, cobran interés, son presentados de manera siempre pertinente, los fraseos no sólo cumplen con ser bonitos, sino que obedecen a una intención. Sobre esta base, la directora se esforzó para que la OSCyL fuese ese buen amigo que sabe ser cuando trabaja con concentración. Cuando el discurso, las síncopas de Chaikovski y los diálogos entre instrumentos tienen sentido, este concierto deja de ser esa partitura que otras veces parece ir perdiendo interés una vez superado su tema inicial, y resulta bonito se mire por donde se mire. Un Gavrylyuk que goteaba sudor como un base de la NBA, correspondió a la acogida de Castilla y León con un maravilloso Vocalise, para abrir boca a las Danzas sinfónicas de Rachmaninov que aguardaban en la segunda parte.

No constituyen estas Danzas sinfónicas, partitura tardía del autor, su obra más emocionante. No le basta a Rachmaninov con ser impecable desde el punto de vista técnico, ya que parece adolecer de esa pizca de inspiración que concede la inmortalidad a sus principales obras maestras. Katharina Wincor, no obstante, vino a trabajar duro y con ese tesón hizo emplearse a sus músicos para sacar lo mejor de esta pieza. Trabajó la homogeneidad en arcos, en respiraciones en cambios de tempo, en el perfil de los finales, en los diminuendos, en los portamentos. Todo ello permite interpretar unas Danzas sinfónicas que, más que danzas, el autor considera con propiedad como narraciones sinfónicas. Ese tempo de vals no es un baile, sino todo un discurso en ritmo ternario para orquesta, expresado con personalidad y entidad. Gran OSCyL, una vez más, y gran directora, que se ha ganado el crédito de una próxima llamada. Muy bien ha debido de venir a la orquesta la visita de Wincor por haber trabajado contra esos fantasmas de la relajación y la autocomplacencia que, en ocasiones, se han dado una vuelta por aquí.
Enrique García Revilla


