VALENCIA / Xavier Torres y Paul McCreesh, rigor y respeto para Haydn

Valencia. Palau de la Música (Sala Rodrigo). 11-IV-2025. Xavier Torres, piano. Solistas de la Orquesta de Valencia. Paul McCreesh, director. Obras de Haydn y Mozart.
El pianista valenciano Xavier Torres (Alberic, 1982) ha vuelto a dejar constancia de su estirpe solista. En esta ocasión ha sido en el Palau de la Música, con una versión transparente, precisa e inspiradora del tan infrecuente como hermoso Concierto para piano y orquesta en Re mayor de Haydn. Lo ha hecho junto con un selecto conjunto instrumental integrado por solistas de la Orquestra de València y la dirección de una figura tan reconocida como Paul McCreesh. Al mérito intrínseco de la interpretación de Torres hay que sumar el hecho de haberla comprometido con apenas un par de semanas de antelación, y con un concierto inédito en su repertorio, que ha abordado para sustituir a otro grande del piano valenciano y español contemporáneo, Carlos Apellániz, cuyo codo izquierdo quedó partido por una maldita caída de bicicleta.
Como Apellániz -irunés recriado en València-, Carles Marín, Ricardo Descalzo o Josu de Solaun, Torres es exponente y gloria de lo mejor del piano actual en una comunidad que históricamente ha aportado al universo del teclado nombres como Leopoldo Querol, José Iturbi, Gonzalo Soriano o Mario Monreal, entre otros. Su manera de tocar se distingue por el rigor artístico, el respeto supremo a la letra y el sentir de la partitura, y un mecanismo virtuoso fiel a la obra de arte, alejado de cualquier capricho o exhibición. En Torres, como ocurre con los verdaderos artistas, todo y lo único que importa es vivificar al mundo físico del concierto la obra del creador en su absoluta pureza y despojada de adornos y tontería.

Estas virtudes han marcado su clásica y estilizada interpretación del Concierto de Haydn, con un movimiento central –Un poco adagio- dicho y cantado con emoción genuina. Mérito de la obra, desde luego, pero también de su intérprete, que ha sabido y querido instalarse en la médula expresiva -tan sencilla y compleja como el “huevo de Colón”- de este lento tiempo que nada tiene que envidiar a los más sublimes episodios mozartianos. Antes y después, en el Vivace inicial y el vitalísimo Rondo all’Ungarese, y particularmente en las cadencias -escritas por el propio Haydn-, Torres derrochó estilo, claridad, verdad y temperamento. Calibró con sensible inteligencia las gradaciones dinámicas, y envolvió la música con una sonoridad cristalina -magistral y escueto uso del pedal- plena de colores y registros. Todo lo certificó con encendidos aplausos y bravos el público que abarrotó la Sala Rodrigo. Entonces, el solista destapó el tarro de las esencias más íntimas con el regalo desnudo y quieto del aria de las Variaciones Goldberg, precisamente la obra que supuso su primer hito discográfico.
Xavier Torres contó con la complicidad -que no “acompañamiento”- de un Paul McCreesh (1960) al que se le veía encantado con el solista, al que arropó y con el que se implicó en este Haydn que marca referencia. El maestro inglés, fundador en 1982 del Gabrieli Consort & Players y reconocido como uno de los nombres señeros en la música del Renacimiento y el Barroco, y actual principal director invitado de la Orquestra de València, es más músico que director. Anima y estimula. Impone carácter, sabiduría, maneras, disciplina y tablas. De ahí que los dos bombonazos mozartianos que dirigió -las Sinfonías 29 y 39– encontraran en él versiones de alta vitalidad y sabor, con tiempos siempre animados y fraseos concisos y claros. Sin hacer bandera de articulación ni ortodoxias, pero con criterio e ideas. Un Mozart más risueño, gustoso y radiante que metido en camisa de once varas. Imperfecto, pero más feliz que una perdiz. Y siempre con el sello inequívoco de Maestro. ¡Bravo!
Justo Romero


