VALENCIA / Una ‘Carmen’ sin piel inaugura la temporada del Palau de les Arts

Valencia. Palau de les Arts. 2-X-2026. Vasilisa Berzhanskaya, Charles Castronovo, Ruth Iniesta, Manuel Fuentes. Aitana Sanz. Cor de la Generalitat Valenciana. Coral Veu Juntes. Escolanía de la Virgen de los Desamparados. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Dirección de escena: Ted Huffman. Dirección musical: Michele Spotti. Bizet, Carmen.
Por tercer año consecutivo, el Palau de les Arts recurre a un título francés para inaugurar temporada y, por segundo año, lo hace estrenando producción. En esta ocasión ha sido Carmen en la propuesta del director estadounidense Ted Huffman. No es la primera vez que el teatro recurre al título de Bizet para abrir temporada, ya en 2007 lo escogieron Lorin Maazel y Carlos Saura. Asimismo, hay que recordar también la versión que en 2010 dirigió Zubin Mehta con un reparto encabezado por Elina Garanca y Marcelo Álvarez. Esta es, por tanto, la tercera vez que se interpreta esta ópera en el teatro valenciano.
Carmen siempre es un título comprometido a la hora de ser llevado a escena en el siglo XXI. La novela de Mérimée en la que se basa retrata una España que solo existe en la mente del autor, pero con la que logró fascinar al público gracias a ese personaje irreal, racial y algo salvaje que es Carmen. El personaje contiene una mezcla de exotismo (casi una especie de “orientalismo” que mira al sur), con el mito de femme fatale. Al respecto, ya hace décadas que se intenta huir del tópico y la “españolada”, pero, a la vez, no hay director de escena que no caiga en la tentación de “folclorizar” esta ópera. En esta ocasión, Huffman recurre a un baile flamenco como preludio al segundo cuadro del acto tercero, en una estética que, por cierto, recordaba a Saura. Por lo demás, el director huye del efecto costumbrista en una propuesta de pura esencia teatral en la que todo el peso recae en la dirección de actores.

El escenario se presenta dominado por una tarima omnipresente en toda la ópera. Completa el espacio una selva de sillas que sirve en ocasiones para crear la fantasía del teatro dentro del teatro con un público que pasa del anonimato al protagonismo al subir a la tarima. El contexto español se reduce a los uniformes de legionarios del inicio (que recuerdan a la Carmen de Bieito) y a la escena final, presentada como una colorida fiesta popular inundada de confeti. Por cierto, esa última escena arrancó algunos aplausos del público. Pero lo fundamental en la propuesta de Huffman es la dramaturgia; en ese sentido, el director de escena presenta una Carmen sin piel, sin todo ese elemento racial, local, cultural y sensual que la caracteriza. A cambio, se centra en la relación entre los personajes principales. Bajo este prisma, podemos ver a un Don José obsesionado por Carmen; ella, sin embargo, se nos presenta como una mujer normal. En la escena de la seguidilla, por ejemplo, no hay un ápice de seducción. En ella, Carmen se limita a cantar, como desarrollando un monólogo que Don José escucha mientras en su mente crece la fijación por ella: en lugar de aparecer como una femme fatale que seduce a Don José por su interés o placer, aparece como el objeto de la obsesión de él, una obsesión que conducirá al feminicidio final.
Sobre la escena, Huffmann demuestra un magistral dominio de la dirección de actores que, con todo, no deja de trasmitir cierta frialdad en la caracterización de la protagonista femenina. Por otra parte, no se entiende por qué a lo largo de la ópera distintos bailarines toman la palabra para contarnos, en perfecto castellano, lo que está ocurriendo. No sé si pretendía con ello transmitir la sensación de una función amateur, pero sin duda se consiguió. En la primera explicación, cuando el “presentador” afirma “la plaza estaba…” daban ganas de contestar “¡abarrotá!” emulando al dúo Sacapuntas (famoso en mi infancia) y sus disfraces de torero.

Musicalmente lo más destacable fue la dirección de Michele Spotti. El joven director italiano es una de las batutas más apreciadas en el Palau de les Arts, donde ya ha dirigido Ernani, L’heure espagnole y Gianni Schicchi. Su versión se caracterizó por el brillo, la precisión y la atención al detalle. Destacó por la ligereza que impuso en los números más coloristas, así como la nitidez de texturas que logró de la siempre excelente Orquesta de la Comunitat. Ahora bien, era la primera vez que dirigía Carmen y todavía falta cierta interiorización en alguna de las partes más dramáticas. Asimismo, en otros momentos, como el aria de Micaela, le faltó una mayor atención al color para general esa atmósfera que Bizet logra con los timbres; esa nitidez de líneas no jugó a su favor en ese número. El director optó por incluir los melodramas, que a menudo se cortan, en lo que resultó todo un acierto artístico. Asimismo, recurrió al recitativo de Ernest Guiraud para el aria de Micaela, que, aunque no sea de Bizet, es de una indudable calidad musical. Por cierto, se amplificó a los cantantes en los diálogos.
Vasilisa Berzhanskaya fue una Carmen lírica y de canto elegante, fundado en una voz de indudable belleza tímbrica. En su interpretación evitó exageraciones tanto musicales como escénicas. Charles Castronovo firmó un magnífico Don José que fue creciendo a nivel vocal y dramático a lo largo de la función. En el aria de la flor, su musicalidad y fraseo hicieron olvidar el color grisáceo de su voz y coronó el aria con un Si bemol atacado en forte, pero conducido al piano a través de una impecable filatura. Ruth Iniesta, una de las sopranos habituales en Les Arts, fue una Micaela de aristocrático canto, fraseo y dicción ofreciendo un completo retrato del rol. Davide Luciano repitió el éxito que logró este verano en Salzburgo con este mismo rol. Su Escamillo irradia el carisma propio de un líder popular. Su canto generoso y su voz de indudable atractivo tímbrico son los principales valores de su interpretación, unidos a su carisma escénico. Del resto del reparto hay que destacar a Aitana Sanz como Frasquita y a Manuel Fuentes como Zuñiga.
Excelente, como siempre, el nivel mostrado por la Orquesta de la Comunitat. El Cor de la Generalitat fue de menos a más: en la primera intervención se les escuchó algo fríos, pero en el resto de la función volvieron al brillo y la calidad habituales, cerrando su actuación con un soberbio segundo cuadro del acto tercero. Tanto la Coral Veu Juntes como la Escolanía ofrecieron una interpretación precisa y brillante bajo la impecable dirección de Spotti. Por último, señalar también el magnífico trabajo de los bailarines bajo la concepción coreográfica de Pim Veulings.
César Rus
Foto: Miguel Lorenzo – Mikel Ponce – Les Arts


