VALENCIA / ‘Salomé’ electrizante y ‘elektrizada’

Valencia. Palau de les Arts. 25-IV-2026. John Daszak, Michaela Schuster, Vida Miknevičiūtė, Nicholas Brownlee, Christopher Sokolowski, Lioba Braun, Jorge Rodriguez-Norton, Daniel Norman, Filipp Modestov, Mathias Frey, Horst Lamnek, Jiři Rajniš, Agshin Khudaverdiyev, Tomeu Bibiloni, Alexander Milev, Agustin Albornoz, Pablo Rubin-Jurado. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Dirección de escena: Damiano Michieletto. Dirección musical: James Gaffigan. R. Strauss, Salomé.
El Palau de les Arts volvió a demostrar con esta Salomé su capacidad para llevar a escena una ópera de repertorio al más alto nivel tanto musical como escénico. No era la primera vez que en el teatro se programaba este título. En 2010, Zubin Mehta ofreció una versión lírica y trascendente de la obra junto a una Camilla Nylund, que comenzaba su fulgurante carrera, y el veterano Albert Dohmen. En esta ocasión, es James Gaffigan quien firma una expresiva y electrizante versión del título junto a Vida Miknevičiūtė, una de las estrellas ascendentes de la actualidad.
La producción proviene de la Scala. Damiano Michieletto ofrece una versión del mito que da especial importancia al trauma de la pérdida del padre sufrida por la protagonista. La imagen de Herodes Filipo, su padre, regalando a una Salomé niña una muñeca nos pone sobre la pista. Más tarde, la cisterna de la que emerge Jochanaan termina por ser la tumba del propio Herodes Filipo. Jochanaan parece conocer el pasado de Salomé, como si tuviese acceso a su subconsciente, y, a la vez, aparece con un cordero en brazos en una clara simbología cristiana subrayada por la presencia de cáliz. De esa forma, Jochanaan tendría el papel de una especie de redentor; de hecho, en la escena final su cabeza aparece en alto con la iconografía propia del Espíritu Santo.
Desde ese planteamiento, la muerte de Jochanaan parece más un acto de venganza frente a Herodes Antipas, de quien se sugiere que asesinó a Herodes Filipo y abusó de la propia Salomé. Por cierto, hay que recordar que, en realidad, Herodes Filipo estaba vivo cuando suceden los acontecimientos y Herodías se había divorciado de él, lo que constituye la causa de la denuncia de San Juan Bautista. Sea como fuere, la propuesta de Michieletto tiene como resultado, deseado o no, el acercar el mito de Salomé al de Elektra, con esa protagonista que ansía venganza por el padre perdido. La propuesta está muy bien construida y, escénicamente funciona impecablemente, pero quedan fuera algunos aspectos fundamentales del mito, principalmente ese deseo sexual destructivo que Salomé siente por Jochanaan.
Escénicamente la representación funciona y, al respecto, conviene señalar el trabajo escenográfico de Paolo Fantin, la iluminación Alessandro Carletti y el vestuario de Carla Teti. Michieletto recurre a ciertos elementos muy propios de su lenguaje como es la presencia de los ángeles que parecen representar siempre en sus propuestas (Katia Kabanovà en Glyndenbourne, por ejemplo) una especie de símbolo frustrado de libertad. Pero el mayor logro escénico de esta puesta en escena es, sin duda, la solución de la siempre comprometida Danza de los siete velos. El trabajo coreográfico de Thomas Wilhelm, especialmente en la primera parte, consigue integrar la danza dentro del drama sin tener que recurrir a dobles y ni trampantojos videográficos gracias, en gran medida, a las excelentes capacidades escénicas de la propia Miknevičiūtė.

James Gaffigan volvía al que ha sido su teatro para ofrecer una vibrante versión de la ópera. Su estilo claro, intenso y, por momentos, violento, le sirve para ofrecer una versión expresionista de una partitura que, en sus manos, irradia pura modernidad. La Orquesta de la Comunitat Valenciana tiene en el repertorio romántico alemán su hábitat natural, pues es aquí donde puede lucir justificadamente su arrolladora sonoridad. Si a eso unimos un reparto sin fisuras, el resultado no pudo ser otro que un clamoroso éxito.
Vida Miknevičiūtė posee una voz de indiscutible belleza y unas características heroicas que la hacen ideal para este tipo de títulos. Su voz luce un incisivo agudo, perfectamente timbrado, que le permite superar sin problemas la masa orquestal. En los extremos graves pierde bastante peso, pero la voz sigue sonando timbrada y, al respecto, hay que recordar que ya Strauss previó esta eventualidad aligerando la escritura orquestal para que la voz no se perdiese. Además, escénicamente fue una Salomé creíble, carismática y entregada.
Nicholas Brownlee volvió tras su éxito la pasada temporada en Die fliegende Holländer. El barítono volvió a impresionar con su voz de fácil emisión y timbre redondo demostrando que es una de las mejores voces para el repertorio romántico germano de la actualidad. John Daszak, quien fue Loge en el célebre Das Reihngold de Mehta con La Fura, volvía a Valencia para ofrecer un retrato de Herodes histriónico conceptualmente, pero de soberbia vocalidad gracias a la facilidad en la proyección de la voz. Por su parte, la mítica Michaela Schuster fue un auténtico lujo como Herodías tanto a nivel escénico como vocal. Del resto del reparto, hay que destacar el extraordinario Narraboth firmado por Chistopher Sokolowski.
César Rus
(fotos: Arts Fotografía)


