VALENCIA / Recital de Javier Camarena: ‘¡En español, coño!’

Valencia. Palau de Les Arts. 21-1-2024. Ciclo ‘Les Arts És Grans Veus’. Javier Camarena (tenor). Ángel Rodríguez (piano). Canciones y melodías de Francesco Paolo Tosti y Lehár.
Volvió el tenor mexicano y universal Javier Camarena al Palau de Les Arts tras su muy exitoso recital de hace cuatro años. Si entonces, en febrero de 2020, debutó con un atractivo programa cargado de conocidas arias de ópera, de esas que el público melómano siempre espera, en esta ocasión ha llegado con un programa poco augurador en principio de fervores: un monográfico de canciones y melodías de Francesco Paolo Tosti (1846-1916) que cantan al amor y al desamor, a la nostalgia, al recuerdo, a las ilusiones y sueños. Cosas bellas y sencillas. Sin aparentes complicaciones ni exigencias. De hecho, hasta no hace tanto, Tosti y sus bonitas melodías se consideraban refugio de tenores veteranos ya incapaces de mantener las tensiones y exigencias de otrora, cuando cantaban ópera y lo que hiciera falta.

Javier Camarena (Xalapa, 1976) es un tenor en plenitud que se ha “enamorado” de Tosti, como él mismo confesó entre sus muchas ‒excesivas‒ alocuciones al público, incluido el anuncio de su disco Tosti y que al final del recital firmaría ejemplares del mismo y se haría fotos con quien quisiera. Se emociona con Tosti, y vive cada canción con entrega e implicación salida del alma. “Para mí es un sueño”, dijo. Cada canción es un poema en su voz y en su decir. La elocuencia expresiva, la belleza de una vocalidad privilegiada que ha ganado cuerpo, y que es también privilegiada por la cabeza que la gobierna, fueron puntos sustantivos de un recital cuyas suaves intensidades a todos convencieron. Pocas veces se habrán sentido las canciones en forma de pinceladas de Tosti interpretadas con tal veracidad, con tal fe y esencialidad. Camarena, artista pura sangre, se entrega a ellas con la misma pasión, fervor y respeto que vuelca en sus verdis y donizettis, en sus gounodes y rossinis. Y, como Vargas, Flórez y algunos otros grandes, tiene cálida sangre latina que sienta de maravilla al universo italianísimo de Tosti.
Con tales cualidades y “calores”, lo que se prometía como una tediosa sobredosis de Tosti, resultó una deliciosa tarde liederística. Al fin y al cabo, y aunque desde presupuestos bien distintos, en el fondo Tosti, como Schubert o Strauss, canta al amor y a esos asuntos pequeños pero que tanto tanto importan. Aquel beso, aquella mirada, aquel amanecer, aquel recuerdo… El universal sentimiento romántico que todo lo puede. La belleza del color, el fraseo perfecto y emotivo, la magia de la expresión llevada al límite, la belleza vocal, sus pianísimos y sutilezas son cualidades evocadas por Camarena, y que según contó, le fueron inspiradas por otros grandes tenores a los qué él mira y en los que refleja su pasión por Tosti. “Crecí y me enamoré de sus canciones con las grabaciones y referencias de Caruso, Carreras, Bergonzi, Pavarotti o Vargas”. Todos fueron citados y loados por Camarena en su nueva gran noche valenciana.
El público, extraño y atípico, era también singular, con aplausos entre canción y canción, y también en medio de ellas, interrumpiendo más de una vez el propio curso del recital. Camarena, muy bien acompañado toda la noche por el piano cómplice y lírico ‒desde el teclado también se canta‒ de Ángel Rodríguez, cantó, obviamente, las canciones de Tosti en sus idiomas originales: italiano, inglés y francés. Pero una señora con pinta de señorona se hartó de tanto extranjerismo (¿quizá hasta masónico?) y no se cortó un pelo para vociferar desde la platea un sonoro: “¡En español, coño!”. Tras unos segundos de desconcierto e interrumpir el final de la canción, el mexicano reaccionó con listura y simpatía y repitió la última frase en la lengua de Juan Rulfo y Carlos Fuentes. ¡Qué tiempos! A este paso, ya mismo habrá que escuchar a Verdi y Wagner en la lengua de Pemán.
Justo Romero
(fotos: Miguel Lorenzo)


