VALENCIA / Perianes y Gaffigan protagonizan el estreno en España de ‘Ciudad sin sueño’ de Francisco Coll

Valencia. Palau de Les Arts. 20-XII-2024. Javier Perianes, piano. Orquestra de la Comunitat Valenciana. James Gaffigan, director. Obras de Franck, Coll y Ravel.
Fascinante estreno en España de Ciudad sin sueño, la fantasía para piano y orquesta que Francisco Coll (1985) estrenara en Londres el pasado 16 de febrero, de la mano de la Filarmónica de Londres y Gustavo Gimeno, con el concurso solista de Javier Perianes, quien el viernes también ha protagonizado el estreno en España, en el Palau de Les Arts, ahora con la Orquestra de la Comunitat Valenciana y la batuta de James Gaffigan. Sin vacilación ni tonterías hay que señalar que Ciudad sin sueño, en la que habita todo, desde la memoria de Falla al pulso de Bartók; desde la resonancia de Lorca -explícita en el título, pero también en el alma- a la del propio compositor, se sitúa en la cúspide del repertorio concertante de la música española. También entre las páginas contemporáneas clave del repertorio concertante para piano. Perianes, versátil y artista en plenitud, estuvo sencillamente colosal en una obra cuyos tres movimientos se suceden preñados de exigencias virtuosísticas y expresivas.
Jonda, incandescente, rotunda , “histérica” y definitivamente genial, Ciudad sin sueño respira y transpira, como apunta el propio Coll, “el primitivismo de compositores que bebieron de la esencia popular y folclórica, como Janáček, Bartók o el mismo Falla”. Primitivismo, rudeza, descaro… todo lo incorpora el compositor valenciano a su inconfundible y radical modo creador. Sin complejos ni literalidad, se deja acariciar por ese legado que es caudal de memoria. Hablaba Falla del “folclore imaginario”, y esto es exactamente lo que hace Francisco Coll desde unos presupuestos y actitud radicalmente tan propios como fervorosos. En el quieto segundo movimiento, “Duende”, late con pulso recóndito la estela de Lorca, pero también aires como los de la “Nana” o la “Canción” de Falla. De hecho, su cuajo afligido y contemplativo toma perfiles específicos de desfigurada nana en la especie de candencia (aunque una “cadencia es otra cosa”, dice Coll, quien precisa: “es como un movimiento dentro de otro movimiento”) que se establece como simétrico y “aquintillado” punto de levitación de los tres tiempos que estructuran la fantasía.

Como no podía ser de otro modo, la recepción no ha podido ser más positiva y entusiasta. València, patria sin bandera ni colores de un compositor que lleva media vida fuera, entre Inglaterra y Suiza, se volcó con Coll y su música palpitante y única. Él mismo fue testigo y partícipe cuando subió al escenario para abrazar a sus intérpretes y recoger el calor paisano. También Gaffigan y la OCV, que pusieron a flor de piel las mil y una sutilezas y detalles de una orquestación plagada de sabor y retos.
Tras la pausa, Perianes volvió a aparecer en escena para interpretar el Concierto en Sol de Ravel, una obra que ha rodado por medio mundo y de la que se ha convertido en uno de sus mejores valedores. Como en la fantasía de Coll, el lento segundo movimiento, con la larga introducción en solitario del piano, se convirtió en momento de máxima emoción. Genial Perianes, desde luego, pera también la solista de corno inglés y un James Gaffigan que bordó una de sus mejores tardes sinfónicas junto con la orquesta de la que aún es titular, pero de la que ya ha anunciado su renuncia. Fue un programa ¡sin programa de mano! cargado de sentido y brillo, inaugurado con una fastuosa lectura del estupendo pero poco programado poema sinfónica El cazador maldito de Franck, y culminado con el colofón de La valse de Ravel, en la que orquesta y maestro mostraron sus mejores cualidades, sintonías y complicidades. Emotiva y cálida ovación de la OCV con tintes de reconocimiento y despedida. ¡No era para menos!
Justo Romero
Foto: Miguel Lorenzo


