VALENCIA / Palpitante ‘Mesías’ haendeliano de Christophers y The Sixteen

Valencia. Palau de la Música. 11-XII-2024. Jessica Cale (soprano), Catherine Wyn-Rogers (contralto), Gwilym Bowen (tenor), Henry Waddington (bajo). The Sixteen. Dirección musical: Harry Christophers. Haendel: El Mesías.
Como siempre, con la fidelidad del turrón, el frío y las comilonas a doquier, vuelve en Navidad El Mesías, el oratorio que Haendel estrena en Dublín, en 1742, con éxito “más que amable”, como señala Alejandro Martínez en las notas al programa de mano. En esta ocasión, y tras un minuto de silencio por las víctimas de la furia del agua, el “oratorio de oratorios” ha regresado al Palau de la Música de Valencia avalado por Harry Christophers (1953), en la que ha sido su única actuación en España. El director británico ha recalado en la capital del Túria acompañado por sus músicos ‒coristas e instrumentistas‒ de The Sixteen, el grupo especializado en música antigua que él mismo fundara en 1979. Y han llegado bien acompañados por un sobresaliente cuarteto de voces solistas, en el que figuraba y destacó la veterana contralto británica Catherine Wyn-Rogers, que sigue manteniendo frescas las cualidades vocales de sus inolvidables interpretaciones de Waltraute y Erda en el legendario Anillo del vecino Palau de Les Arts (La Fura/Mehta), además de cantar, en el mismo espacio, La canción de la Tierra junto a Torsten Kerl.
El director de orquesta y coro búlgaro afincando en Valencia Krastin Nastev ha retratado idealmente este Mesías con palabras concisas. “¡The Sixteen in Valencia! ¡Inolvidable interpretación del Mesías de Haendel! Perfección, disciplina, organización, cultura, sonido, unidad, confianza, libertad, empatía, tradición”, ha escrito el admirado maestro en su Facebook. El crítico suscribe a pie juntillo estos adjetivos certeros del amigo director. Christophers ha eludido acostumbradas grandiosidades y excesos para plantear una lectura de corte casi camerístico, libre y fiel a un tiempo, en la que sonoridades, balances y tempi invitan a adentrarse en la entraña más secreta de la obra maestra. Fue una versión rigurosa, de fraseos legados pegados a la prosodia del texto, tan claros y nítidos como las armonías; alejada de cualquier exageración, en la que la calidad de los instrumentistas y coristas de The Sixteen resultó calibrada y fusionada en una visión unitaria, palpitante, y ungida de hondo sentido narrativo.

Fallos muy puntuales ‒el trompeta solista en la famosa aria del bajo The trumpet shall sound no tuvo su día‒ no restaron un ápice de excelencia instrumental a una versión en la que todos los músicos de The Sixteen sin excepción ‒incluidas por supuesto, los dos trompetas naturales‒ hicieron gala de la excelencia que siempre ha caracterizado al conjunto británico. Excepcional siempre el reducido coro. Ni que decir tiene que no desaprovechó la oportunidad de desplegar sus mejores cualidades en el momento estelar, el celebérrimo Aleluya, que sonó a gloria en sus voces. Lejos de acostumbradas pachangas, tonterías y exageraciones multitudinarias y “participativas”.
A la excelencia artística y técnica de este bienvenido Mesías contribuyó el cuarteto de voces solistas, que brilló a tono con el criterio vibrante de Christophers y la calidad que llegaba de los músicos de The Sixteen. Impregnados con ellos, la soprano galesa Jessica Cale desplegó sentido expresivo y pulida vocalidad en sus contadas pero principales arias: la ligera y risueña Rejoice gratley, O daughter of Zion, en el aria final –If God be for us‒ y, previamente, en el dúo con el tenor O Death, where is try sting, junto al tenor inglés Gwilyman Bowen, quien mostró clase, alcurnia vocal y carisma escénica. Catherine Wyn-Rogers dejó constancia de su reconocida naturaleza vocal y artística en una partitura que ha hecho mil y cien veces (en Madrid y Sevilla, aún se recuerda su Mesías con Yehudi Menuhin y la Orquesta Nacional, en 1995). Finalmente, el bajo-barítono Henry Waddington redondeó las cualidades del magnífico cuarteto vocal con su voz poderosa y curtida en mil repertorios, que empastó en el conjunto tanto como la cuerda grave de un violonchelo de época.
Éxito total. Como siempre con El Mesías, sí, pero en esta ocasión, bien merecido. Buen programa de mano, con los textos del oratorio incluidos en él. La sala, con sus 1781 localidades abarrotadas de un público que siguió el concierto en perfecto silencio, se encontraba iluminada lo justo para que los espectadores pudieran seguir el texto al pie de la letra. En fin, un concierto redondo. En el escenario, sí, pero también en la platea.
Justo Romero
(fotos: Live Music Valencia)


