VALENCIA / Orquestra de València: minimizar el despropósito

Valencia. Espacio La Rambleta. 20-I-2022. Josep Furió y Luis Osca, marimbas. Orquesta de Valencia. Director: José Trigueros. Obras de Asins Arbó, Keiko Abe y Shostakovich.
Contra cualquier pronóstico, fue un buen concierto de la Orquestra de València. Ni la acústica mejorada, pero a todas luces insuficiente del espacio teatral La Rambleta, ni la reducida plantilla de cuerdas recurrida, invitaban a imaginar una buena tarde de música. Pero el eficaz trabajo concertador del maestro invitado, el valenciano José Trigueros; la brillante participación solista a las marimbas de dos profesores de la propia orquesta tan punteros como los percusionistas Josep Furió y Luis Osca, o las más que sobresalientes intervenciones de algunos atriles en la Décima sinfonía de Shostakovich —inolvidable el protagonismo del fagot Miguel Ángel Pérez Domingo, o la trompa en nuevo día de gloria de María Rubio—, convirtieron la cita sin expectativas en una velada de vivas sensaciones musicales.
Programar una Décima de Shostakovich en un espacio tan anti sinfónico como La Rambleta es un despropósito. Tanto como abordarla con plantilla menguada en las cuerdas hasta niveles casi haydnianos. Desde la muerte de Shostakovich, en 1975, mucho se ha escrito, barruntado, manoseado y hasta inventado sobre si esta sinfonía es un mordaz retrato de Stalin, muerto en 1953, el mismo año en que Shostakovich concluye la sinfonía, estrenada por Mravinski y su Filarmónica de San Petersburgo en diciembre de 1953. Más allá de cualquier especulación o estupidez, y anticipándose a la murmuración, el propio Shostakovich ya salió al paso de la tontería: “Quisiera añadir únicamente que en esta obra he pretendido expresar los sentimientos y pasiones del hombre”, dijo taxativamente el 29 de marzo de 1954, en la apertura de un debate público en Moscú, organizado a propósito de su nueva composición por la poderosa Sociedad de Compositores de la URRS:
Trigueros, maestro bien baqueteado en los atriles de la Sinfónica de Galicia y con dúctil sentido de la realidad, planteó una lectura que minimizó adversidades y subrayó, sin descuidar las asperezas, virulencias y contrastes del enorme fresco shostakovichiano, sus matices más templados y particulares, sin desatender nunca esos universales “sentimientos y pasiones del hombre” de los que habló Shostakovich. De ahí, de este calibrado entendimiento de Trigueros, de este efectivo adaptarse a la realidad y su circunstancia, el relieve que alcanzó su crecida versión, cuyos cuatro movimientos quedaron enaltecidos, además, por las muchas y destacadas intervenciones solistas que en ellos se suceden, como las del clarinete de Enrique Artigas o el violín concertino de Enrique Palomares, cuyo énfasis y arrojo no encontraron siempre idéntica respuesta en una sección de violines distante y en exceso templada, como con la carne fuera del asador.
Antes, Furió y Osca lucieron talento, fantasía y virtuosismo deslumbrante pero no hueco en la rapsodia para dos marimbas y orquesta de la compositora y marimbista japonesa Keiko Abe (1937), en la que contaron con la complicidad atenta del maestro José Trigueros, él mismo excepcional percusionista. El programa ya prometió calidades y disfrutes en la breve Serenata española de Miguel Asins Arbó que lo abrió. Pieza melodiosa, templadamente mediterránea: sin ambiciones, pero bellamente escrita. Un éxito.
Justo Romero
(Foto: Live Music Valencia)


