VALENCIA / Noche y día

VALENCIA / Noche y día

Valencia. Palau de les Arts. 18-XI-2019. Ciclo “Les Arts És Lied”. Lieder de Schubert y Strauss. Violeta Urmana (mezzosoprano). Helmut Deutsch (piano). 

Violeta Urmana (1961) ha regresado al Palau de les Arts. Tras sus éxitos en la ópera de Valencia, donde en los tiempos dorados de Helga Schmidt coprotagonizó títulos tan diversos como Parsifal, Ifigenia en Tauris, Medea o Don Carlo, la diva lituana ha vuelto en esta ocasión con un recital liederístico integrado por páginas de Schubert y Strauss. La mezzosoprano y antes soprano ha llegado bien acompañada por el piano cómplice y maestro en estas lides de Helmut Deutsch, para participar en el cuidado ciclo “Les Arts és Lied”, que ha promovido el actual director artístico de Les Arts, Jesús Iglesias.

Fue un recital que comenzó frío y hasta desangelado, y que fue de menos a muchísimo más. Sin atriles ni partituras, con la música interiorizada, sin palabrería al público y con el rigor y profesionalidad que ha caracterizado siempre su carrera, Urmana no parecía entrar en faena en una primera parte íntegramente conformada por canciones de Schubert. El trazo fino, ligero, delicado y sutil hasta la filigrana se convirtió en monótona retahíla de canciones interrumpida una y otra vez por los aplausos de un auditorio que parecía empeñado en aguar la tarde con su incontinencia aplaudidora. Urmana, muy respetuosa, no tuvo el arrojo de pedir al poco respetuoso respetable que guardara silencio entre maravilla y maravilla. En estas circunstancias, era muy difícil, quizá imposible, que la historia esencializada que es cada Lied encontrará espacio, autonomía y la imprescindible concentración. Cada canción parecía la anterior y la posterior, en una expresión monocorde dicha con el mismo color, en similar registro y casi con idéntico candor.

Tampoco contribuyó la actual vocalidad de Urmana, más grave y menos ligera que antaño. A la voz le falta hoy la agilidad y flexibilidad para moldear los orfebreriles universos schubertianos. Algo que, obviamente, no evitó que palpitara la artista grande y maravillosa que ha sido y será, pero a la que se sentía jugando en territorios lejanos, quizá incluso ajenos. Por otra parte, la ausencia de textos, tanto en el programa de mano como en las pantallitas ubicadas en el respaldo de las butacas, fue también un obstáculo para que el público se adentrara de verdad en el meollo narrativo de cada Lied.

El horizonte se transformó rotundamente en la segunda parte, cuando por fin la diva recaló en su universo vocal y vital. Tras la noche surgió el día, con el firmamento luminoso y al mismo tiempo crepuscular, apasionado, cálido, efusivo y poderosamente dramático de Richard Strauss, de quien ofreció una cuidadosa colección de Lieder consonante a su vocalidad actual y temperamento dramático. Befreit, Aus den Liedern der Trauer, Freundliche Vision o Wie sollten wer geheim sie halten fueron felices recaladas en la docena de maravillas straussianas que regaló en un recital generoso, largo y sin concesiones a la tontería ni a lo fácil. Lo que en Schubert fue prudencia, mesura y distancia, mutó a fuego y vibración en Strauss. La vocalidad amplia y dramática que siempre ha distinguido el canto encendido de Urmana hizo que la música fluyera en ella con convicción y pasión. Incluso las subidas al agudo, precarias en Schubert, se tornaron vigorosamente expresadas, insufladas de ímpetu y coloreadas sutilezas.

Tras dos bises en los que volvieron a aflorar los extremados contrastes que han caracterizado el recital, una dulce canción lituana fue punto final del mismo. El crítico abandonó el Palau de les Arts con el recuerdo de tantas maravillosas representaciones de ópera disfrutadas ante la gran artista sobre el escenario. También del recital inolvidable que ofreció en el vecino Palau de la Música en marzo de 2011, cuando aún era soprano. Más allá de cualquier circunstancia, el reencuentro es siempre fascinante. Emocionante, además, cuando se canta con la calidez, intensidad, entrega y autenticidad con la que la bien llamada Violeta acababa de dar vida a Strauss.