VALENCIA / Mark Elder inaugura el ciclo sinfónico de la Orquesta de la Comunitat Valenciana

Valencia. Palau de les Arts. 16-X-2026. Pavel Kolesnikov, piano. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Sir Mark Elder, director. Obras de Wagner, Chaikovski y Strauss.
Con este concierto, la Orquesta de la Comunitat Valenciana (OCV) abría su ciclo sinfónico de esta temporada. Recordemos que se trata de una orquesta de ópera, pero, al igual que otras orquestas de ópera como las de Viena o Dresde, combina sus actuaciones en el foso con conciertos sinfónicos de primer nivel y con los más prestigiosos directores del panorama internacional. Este año, el ciclo está compuesto por ocho programas, algunos de los cuales no solo se podrán escuchar en Valencia, sino también en Madrid, Sevilla o Castellón. En la programación, destacan los debuts de Mikko Franck y Philippe Jordan, quienes ya habían estado programados, pero tuvieron que cancelar sus actuaciones por motivos de salud.
Este primer concierto corrió a cargo de sir Mark Elder en su segunda temporada como titular de la orquesta. El programa comenzó con una cristalina interpretación del preludio de Lohengrin en la que el maestro británico estiró hasta el extremo la claridad de texturas en la primera sección, exigiendo la máxima precisión en los cambios de arco, algo que se logró casi siempre. Con este fragmento, Elder marca las pautas de las representaciones que dirigirá de este título wagneriano en el mes de diciembre en Les Arts en lo que, sobre el cartel, es una de las propuestas más atractivas de la temporada.

A continuación, Pavel Kolesnikov interpretó el Concierto n. 1 en Si bemol menor, op. 23 de Chaikovski. El joven pianista sorprendió por la dureza que empleó en los compases iniciales, creando un gran impacto, si bien el sonido resultó algo abierto. Sin embargo, no tardó mucho en lograr el equilibrio ofreciendo una versión muy personal que se basó en la marcada alternancia entre lo dramático y lo lírico. Obtuvo un clamoroso éxito de público, más del deseable, pues un sector no menor de la audiencia aplaudió entre movimientos… no suele ser habitual en el sinfónico de Les Arts. Esperemos que sea público nuevo y que repita, eso sí, aplaudiendo cuando toca. Como bis, el pianista ofreció el Vals en La menor de Chopin. Por su parte, Elder ofreció una versión atenta al detalle y que destacó por su elegante acentuación. Las intervenciones solistas del segundo tiempo fueron impecables, empezando con la siempre excelsa Magdalena Martínez en la flauta, además de Pierre Antoine Escoffier en el oboe y el primer atril de chelos formado por Rafał Jezierski y Arne Neckelmann.
Pero lo más interesante del programa llegó en la segunda parte con la interpretación de dos poemas sinfónicos de Richard Strauss: Don Juan y Till Eulenspiegels lustige Streiche. Curiosamente, el maestro Elder debutó con la OCV con Ein Heldenleben. En este regreso a la música del compositor alemán, volvió a hacer gala de su impecable atención por el detalle consiguiendo que cada voz se escuchara con nitidez. En Don Juan, hay que destacar, por un lado, la maravillosa interpretación de Christopher Bouwman en el solo de la escena de amor; por otro lado, el alto rendimiento de la cuerda. Si hubo un momento memorable, fue en la reexposición del tema de la conquista cuando, como una columna dorada, la cuerda de la OCV respondió a la llamada de los metales.

Till Eulenspiegels lustige Streiche es uno de los poemas sinfónicos más complejos y endiablados de Strauss. Combina la complejidad técnica con la interpretativa, debido a toda esa alternancia de colores y situaciones. El maestro Elder hace toda una creación con su interpretación gracias a una natural flema británica cargada de ironía con la que afronta todas las indicaciones de carácter que contiene la partitura. Asimismo, volvió a destacar por la precisión y plasticidad que logró a la hora de plasmar todos los efectos tímbricos y toda la variedad de colores orquestales propios de la obra. De nuevo, la OCV demostró su extraordinaria calidad tanto de conjunto como en los pasajes individuales. Aquí habría que destacar a Bernardo Cifres en la trompa, encargado del tema principal, casi una personificación del personaje de Till Eulenspiegel. En ese sentido, a menudo se suele ver en ese personaje un alter ego del propio Strauss y, al respecto, conviene recordar que el padre de Strauss era trompista. Asimismo, también hay que mencionar la plástica interpretación que el concertino Gjorgi Dimcevski hizo de sus intervenciones solistas.
César Rus
Foto: Miguel Lorenzo


