VALENCIA / ‘Los cuentos de Hoffmann’, un hito en Les Arts

Valencia. Palau de les Arts. 23-I-2022. Offenbach, Los cuentos de Hoffmann. John Osborn, Pretty Yende, Alex Esposito, Paula Murrihy, Marcel Beekman, Moisés Marín, Tomislav Lavoie, Isaac Galán, Roger Padullés. Cor de la Generalitat Valenciana. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Director musical: Marc Minkowski. Director de escena: Johannes Erath.
El Palau de les Arts ha apostado fuerte para el tardío estreno de Los cuentos de Hoffmann, título que llega 17 años después de su inauguración. El impactante nivel escénico y musical del estreno ha sido posible merced a un reparto con el que cualquier teatro del mundo se daría con un canto en los dientes, a una producción de tanta exigencia y calidad como la concebida por Johannes Erath para la Semperoper de Dresde (donde se estrenó el 4 de diciembre de 2016), un maestro tan identificado con la música de Offenbach —“el Mozart de los Campos Elíseos”, le llamó Rossini— como el francés Marc Minkowski, y unos conjuntos estables tan excepcionales como la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat. Tales ingredientes han sido hábilmente coordinados por el director artístico, Jesús Iglesias, que ha hecho así posible un estreno triunfal que marca uno de los hitos de la corta pero brillante historia artística de la nueva ópera valenciana.
La llegada de Los cuentos de Hoffmann a Les Arts ha supuesto la gozada de un espectáculo total, ingenioso, redondo y casi sin fisuras. La producción de Johannes Erath (1975) ha recalado reforzada en un elenco vocal de primerísimo rango, y el gobierno musical de un Marc Minkowski que aprovechó los recursos y calidades de la Orquestra de la Comunitat Valenciana para subrayar los inagotables colores, registros y detalles que habitan en la obra maestra de Offenbach.
El director de escena alemán derrocha fantasía, imaginación, sabiduría escénica y talento operístico. A diferencia de lo que tantas veces ocurre con Los cuentos de Hoffmann, en este caso la acabada factura de todo evita que el exceso de sucesos, situaciones y detalles abigarre la compleja pero hilvanada escena. El uso de las perspectivas —como cuando aparece la sala principal del propio Palau de les Arts prolongada en el escenario hasta un fondo infinito— y la compleja y efectiva escenografía de Heike Scheele; el recurso de la magia escénica, con referencias evidentes al teatro negro y sus fantásticos juegos de luces y sombras, también al circo; el cuidado movimiento escénico; la iluminación efectiva de Fabio Antoci o las proyecciones videográficas de Alexander Scherpink son puntales de un trabajo inapelable planteado dramatúrgicamente por Anne Gerber.
Tan compleja y arriesgada propuesta escénica ha encontrado acomodo perfecto en la versión elegida, basada en la edición crítica preparada por los musicólogos Michael Kaye y Jean-Christophe Keck, cuya principal preocupación ha sido recrear fidedignamente las circunstancias originales en que Offenbach compuso Los cuentos de Hoffmann. Una versión ‘integral’, que recoge en sus cinco actos lo mucho escrito y compuesto por Offenbach, y que es precisamente la que el propio Minkowski dio a conocer en 2012, en París, con sus conocidos Les Musiciens du Louvre.
Minkowski ha cargado de luces y registros una ópera única, extraña y compleja, ante la que solo cabe entregarse y sumergirse sin reservas en su inspiración melódica, en las magias acústicas y en la exaltada fantasía romántica que alienta su narrativa literaria y musical. La versión en cinco actos gozada en Valencia aparece plagada de momentos y episodios excepcionales, atendidos por Minkowski con naturalidad y efectividad. Cuatro horas de fascinación que transcurren en un santiamén. El director galo, paisano del “Mozart de los Campos Elíseos”, sacó oro puro de una Orquestra de la Comunitat Valenciana que sonó idealmente en todas sus secciones, individual y colectivamente. Los muchos solos —flauta, violín, arpa…— fueron destellos de una noche del mejor sinfonismo.

Vocalmente, el tenor estadounidense John Osborn es, probablemente, el mejor Hoffmann de la actualidad y de todos los tiempos, equiparable a colosos como Gedda, Kraus y Domingo. Lo demostró en el Liceu hace un año y lo ha corroborado ahora en Valencia con su particular encarnación vocal y escénica. La facilidad en los agudos deslumbrantes (Canción de Kleinzach); su estilizada línea melódica (Ah! Vivre deux), o el carácter atormentado que imprime al ensoñador poeta son detalles de una encarnación que más fue reencarnación.
Pretty Yende es una de las grandes lírico-ligeras de la actualidad. Como otras divas —Joan Sutherland, Edita Gruberová, María Bayo—, ha querido darse el gustazo de asumir los cuatro grandes papeles de soprano. Y como siempre, el resultado es dispar. Excepcional en el conjunto su Olympia, cantada a tono, carece, sin embargo, del pirotecnismo vocal de la Dessay o de la Gruberová, mientras que su Antonia no alcanza el esmalte y luminosidad de Victoria de los Ángeles o María Bayo. Dramáticamente, falta rodaje y profundización. También contrastes entre las disímiles personalidades de cada rol. Pero su categoría como cantante y su impecable honestidad como artista otorgan credibilidad y hacen que salga airosa y hasta triunfante del cuádruple reto.
El bajo-barítono bergamasco Alex Esposito aportó intensidad dramática, contundencia vocal y empaque a las cuatro diabólicas encarnaciones —Lindorf, Coppélius, Miracle, Dapertutto—, como también el perfecto y versátil tenor holandés Marcel Beekman, tan vinculado al repertorio barroco y a todos los demás, cuya voz directa, transparente y afinada como un diapasón fue otra de las certeras virtudes de la larga tarde, al dar vida a Andrés, Cochenille, Frantz y Pitichinaccio. La mezzosoprano irlandesa Paula Murrihy fue ideal y comunicativa Nicklausse. Nadie emborronó el calibrado y casi multitudinario reparto vocal, en el que figuraron y también destacaron Moisés Marín (Spalanzani), Tomislav Lavoie (Crespel, Luther), Isaac Galán (Peter Schlèmil, Roger Padullés (Nathanaël) y Tomeu Bibiloni.
Naturalmente, el éxito fue enorme. La abarrotada sala principal del Palau de les Arts aplaudió y vitoreó a todos con entusiasmo parejo al que hace años acogía los hitos dirigidos por Chailly, Gergiev, Maazel o Mehta. ¡No era para menos!
Justo Romero
[Fotos: Arts Fotografía]


