VALENCIA / ‘La Valquiria’ frente al ‘Idilio de Sigfrido’: Wagner, cara y cruz

Valencia. Palau de la Música. 4-IV-2025. Sarah Wegener (soprano), Daniel Behle (tenor), Ante Jerkunica (bajo). Orquesta de Valencia. Alexander Liebreich, director. Obras de Wagner.
La Orquesta de Valencia ha vuelto a hacer gala del notable momento que atraviesa. Si la pasada semana fue con el estreno en España de la ópera La muchacha del mar, del japonés Toshio Hosokawa, en esta lo ha hecho con uno de sus compositores fetiches, Richard Wagner, con un programa que confrontaba músicas tan relacionadas y distintas como el tierno Idilio de Sigfrido y el apasionado primer acto de La Valquiria. Cara y cruz del oro sin linde del arte wagneriano. Alexander Liebreich pulió melodías y armonías en visiones incandescentes y excitantes, pero con la quietud y espacio que también requiere la música infinita del creador del acorde de Tristan.
La tradición wagneriana de la Orquesta de Valencia palpitó en este Wagner beneficiado del renovado nivel instrumental, con la incorporación en los últimos años de jóvenes músicos de alta cualificación. Si en su día la orquesta titular del Palau de la Música salió airosa y con notabilidad de empeños tan ambiciosos como El anillo del Nibelungo que ofreció en los tiempos de Manuel Galduf (años ochenta y noventa del siglo pasado) junto con los mejores cantantes wagnerianos del momento, o veladas memorables de actos de Parsifal o Tristan e Isolde, ahora ha rozado la excelencia en un Idilio de Sigfrido cuyos compases teñidos de ternura y melodiosidad fueron acunados por Liebreich y sus músicos valencianos con tanto mimo instrumental como delicadeza y lenguaje wagneriano. Sobresalientes cum laude para los solistas Enrique Palomares (violín), Salvador Martínez (flauta), Roberto Turlo (oboe) y María Rubio (trompa).
Luego, tras la pausa, llegó La Valquiria, “primera jornada” de la Tetralogía. Desde el primer momento, en la frenética introducción orquestal, Liebreich dejó claro que iba a ser una interpretación de extremos. En todos los sentidos. Dinámicos, métricos y anímicos. Todas las secciones sonaron y tocaron con sutilezas, arrojo y buenas maneras. La cuerda en su conjunto, maderas, metales, timbales y percusión mostraron clase e implicación. Uno y todos empeñados al unísono desde cada de sus partes. Del solo de violonchelo a la cita en los metales del motivo de Wotan; del bien entonado tema de Nothung por la trompeta, a la eclosión del amor en el dúo de Siegmund y Sieglinde, y a una Canción de la primavera cantada desde la orquesta con más empuje y lirismo que desde la voz del tenor, asumida por el alemán Daniel Behle, artista de fuste y de bien conocida belleza vocal, pero cuyo registro y tipología andan más cerca de Nemorino que del Welsungo. Para colmo, conceptualmente, lo cantó como si fuera un oratorio, como si fuera el bachiano Evangelista de La Pasión según San Mateo. Sin quitar en ningún momento el ojo a la partitura, que era evidente que tenía pillada con alfileres. De hecho, era la primera vez que encarnaba el rol de Siegmund.

Frente a esta decepcionante interpretación, brillaron y mucho la soprano alemana Sarah Wegener (incandescente y apasionada Sieglinde, como su admirada Régine Crespin), y el bajo croata Ante Jerkunica, Hunding estremecedor, dueño de un torrente de voz cuyo poderoso caudal recuerda a leyendas del canto wagneriano como Matti Salminen o Martti Talvela. A diferencia de Behle, una y otro cantaron con desenvoltura y de memoria, con papeles y vocalidades metidos en el alma y en las neuronas. Como siempre que se programa un acto de La Valquiria y se interpreta como mandan los dioses del Walhalla, éxito total. Reiteradas salidas a saludar.
El aplaudiómetro final reflejó en sus tiempos e intensidades lo que interpretativamente fue esta nueva recalada wagneriana de la Orquesta de Valencia. Fueron precisamente ella y su titular Alexander Liebreich los que disfrutaron los más efusivos y entusiastas bravos, aunque muy cerquita de los tributados a Wegener y a Jerkunica. Behle escuchó la ovación de la cortesía. ¡Sabio el público justiciero!
Justo Romero
(fotos: Live Music Valencia)


