VALENCIA / Joyce DiDonato, emoción y “buen rollo”

Palau de Les Arts de València. 5-VI-2025. Ciclo ‘Les Arts És Grans Veus’. Joyce DiDonato (soprano). Craig Terry (piano). Obras de Debussy, Alma Mahler, Haydn y Jake Heggie.
La nueva actuación de Joyce DiDonato en el ciclo “Les Arts és Lied” del Palau de Les Arts ha supuesto el que acaso haya sido el mayor éxito en la historia de un ciclo frecuentado por nombres como Netrebko, Grigorian, Davidsen, Schuen, Flórez, Gerhaher y todo lo mejor de la lírica de nuestro tiempo. Diva y antidiva, fresca, lozana, comunicativa con su canto privilegiado y armada en un simpático verbo en español trufado de idiomas y vulgarismos –“que chulo es el amor”, “una noche guay”…- la mezzo estadounidense se metió al público en el bolsillo. Por su chispa y, sobre todo, por su canto desbordante, que aún mantiene las características que tanto han distinguido su modélica carrera. El recital se ha beneficiado con el piano cómplice -que no acompañante- de su paisano Craig Terry.
Artista inmensa, rossiniana, belcantista y mucho más, DiDonato mantiene a sus 56 años -nació en 1969, en Kansas- las cualidades que han hecho de ella una de las voces más admiradas y cotizadas de las últimas décadas. Con el recuerdo bien fresco de su estremecedor Winterreise schubertiano -también con Craig Terry- cantado en el mismo escenario y ciclo en octubre de 2021, ahora ha retornado a Les Arts con un recital tramado en torno a la mujer, que ella mismo explicó de modo pormenorizado desde su condición de mujer. Un itinerario que comenzó con las Tres canciones de Bilitis de Debussy y concluyó con Camille Claudel: into the Fire, un retrato en siete canciones inspirado en la azarosa vida de la mujer que fue amante, musa y protegida de Auguste Rodin, además de talentosa escultora ella misma.

El ciclo, escrito expresamente para Joyce DiDonato por la compositora estadounidense Jake Heggie (1961), fue el colofón de una actuación plena de diversidad, emoción y “buen rollo”, hasta el punto de que la propio diva interactuó con el público. “¿Hay cantantes entre el público? Levantad la mano ¡qué difícil es ser cantante! ¿verdad? ¡Ufff! ¡Va por vosotros!”, brindó y dedicó la empática diva. En la larga tanda de bises, entre el entusiasmo colectivo del público bien metido ya en el bolsillo y en el alma, alguien le pidió que cantara Rossini. Se excusó: “Prometo que la próxima vez que venga os cantaré Rossini”. Y citó entonces a la Berganza, a Caballé, a la Callas… Y cantó al amor de mujer, y se soltó con la habanera de Carmen. ¡Imagínense! Un espectador le soltó un “¡guapa!” que tronó en toda la sala. Créanme: ni la Bartoli ni Juan Diego Flórez juntos han despertado tal fervor en sus actuaciones en València.
En el cuidadosamente pergeñado programa en torno a la mujer, no faltaron los interesantes Cinco Lieder de Alma Mahler y -lo mejor de la noche- la cantata Arianna en Naxos, de Haydn, en la que la enorme trágica que es DiDonato afloró en una interpretación tan magistral como emocionante, quizá solo comparable al prodigio que hacía Teresa Berganza con esta página maestra. Puro teatro, pura emoción. Luego vinieron bombones, bromas y buen rollito, incluida -en la tanda de bises- una deliciosa recreación de la canción Caro mio ben, de Giordani. Pero lo que convirtió este recital en inolvidable fue sentir a la inmensa diva metida en la piel y el alma de la desesperada Arianna. “Guapa” guapísima, sí, pero, sobre todo, una artistaza de pies a cabeza.
Justo Romero
Foto: Miguel Lorenzo


