VALENCIA / Gustavo Dudamel, solidaridad y ‘Resurrección’

Valencia. Palau de la Música. 23-II-2025. Sandra Hamaoui, soprano. Eva Kroon, mezzosoprano. Cor de la Generalitat Valenciana. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Orquesta de Valencia Gustavo Dudamel, director. Obras de Pacho Flores, Mahler y Serrano-Flores.
La emoción y la solidaridad se impusieron incluso sobre la música. Y eso que Gustavo Dudamel (1981) planteó al frente de las dos grandes orquestas valencianas (la de la Comunitat, titular del Palau de Les Arts, y la de Valencia, titular del vecino Palau de la Música) y del Cor de la Generalitat una Segunda sinfonía de Mahler que por nervio, intensidad, brillantez y enjundia instrumental y vocal no es exagerado calificar como excepcional. Pero aún más excepcionales fueron las connotaciones que tenía el concierto, fruto de la generosidad del director venezolano, que se ofreció a liderarlo como detalle de “solidaridad a favor de las sociedades musicales y las personas afectadas por la Dana”. Todo se cargó así de de emoción y sentido en esta interpretación multitudinaria –más de doscientos intérpretes sobre el escenario–, en cuya naturaleza más íntima ha palpitado el vínculo con la tragedia. “Resucitaréis, sí, resucitaréis, cenizas mías, tras breve reposo”, cantan la soprano y mezzo solistas después de que el Cor de la Generalitat (ampliado con algunos miembros del Coro de la RTVE) entonara y dijera: “Moriré para vivir”.
Palabras quizá huecas en el papel, pero que en la sala de concierto, musicadas por Mahler y revividas por los formidables intérpretes que ayer habitaban el escenario del Palau de la Música, cobraron intenso sentido emocional. Dudamel, visiblemente emocionado, se involucró con la música en la entraña de la tragedia. Fue una visión descarnada y extrema, en la que se palpaba la carga emocional añadida. Ánimo. Ilusión y desesperación. Resignación y esperanza. Luz y oscuridad. Todo lo contó y plasmó Dudamel con extrema naturalidad, desde los versos de Friedrich Klopstock y la música de Mahler. Nada era exagerado ni excesivo. Menos, impostado. Su gesto, tan claro como la precisión de sus manos y la comunicatividad con los músicos. Como siempre, dirigió la sinfonía de memoria, pendiente de cada detalle y entrada.

Fue una versión grandiosa y profunda a un tiempo. Impactante por sus sonoridades, pero también por sus momentos más quietos y líricos, en los que Dudamel dejó respirar y transpirar música, canto y emociones. Con fluidez el tranquilo y fluido tercer movimiento, con mística luminosidad el cuarto, el emotivo Urlicht, y con impactante grandiosidad el final, que ayer se sintió como canto a la vida, lleno de luz y esperanza en el futuro. Un canto a la “resurrección”, entendida como recuperación de vida, recuperación de la “normalidad” arrasada en València por la naturaleza y la maldita Dana.
A los músicos de ambas orquestas se les veía, escuchaba y sentía fascinados con el talento y las maneras empáticas y maestras de Dudamel. Se volcaron con él y tocaron al doscientos por ciento. Toda la sinfonía estuvo así enaltecida por sobresalientes intervenciones solistas. Apenas un desliz, alguna minucia, no alcanzaron a desdibujar la brillante calidad instrumental del conjunto. A todos habría que destacar, pero valga el estupendo solo de flauta de Salvador Martínez (de la Orquestra de Valencia) como referencia de un concierto en el que hay que aplaudir y felicitar uno a uno a todos sus músicos. También, por supuesto, al Cor de la Generalitat, que bordó una de sus mejores actuaciones. La excelencia distinguió también las intervenciones de las dos cantantes solistas, la soprano franco-estadounidense Sandra Hamaoui (que cantó descalza, a los Kopatchinskaya) y la mezzo neerlandesa Eva Kroon.
El programa, extenso hasta la exageración –la Segunda de Mahler no admite nada ni antes ni después– se inició con Albares, concierto para fliscorno y orquesta de Pacho Flores, que en este concierto se revela, además de como as mundial de la trompeta, como compositor de ideas y medios. La nueva obra es atractiva, estructurada en tres bien construidos movimientos cargados de aires latinos e inspiración valenciana, incluso en el segundo movimiento aparece citado el propio Himno de la Comunitat. Ni que decir tiene que Flores –al que su paisano Dudamel se refirió como “hermano de la vida”– hizo brillar la parte solista, que iluminó con esa extravertida y directa manera de tocar que tanto distingue su carrera cargada de talento y sentido musical. Sobresaliente también el concurso co-solista de Javier Eguillor, quien entre Flores y Dudamel se mostró con las maracas tan virtuoso como con los timbales. Inolvidables los tres “besitos” que con la embocadura en la boca y la trompeta acercada a la cabeza de Dudamel lanzó a su “hermano de la vida”. Cosas de venezolanos. El éxito, ¿hace falta decirlo?, absoluto.
Al final, tras la Sinfonía de Mahler, tras las “Resurrección”, llegó como particular colofón el Himno de la Comunitat Valenciana, de José Serrano, quizá el mejor himno que existe en el planeta. En una versión revisada y editada por Pacho Flores, que ha envuelto el original de Serrano en una orquestación que, sin alterar su sentido popular y lógica hímnica, añade un tratamiento musical más sofisticado e interesante. Dudamel lo dirigió como si llevará toda la vida conviviendo con él, con la misma emoción, entrega, autoridad y devoción con la que acababa de dirigir la sinfonía mahleriana. Como si fuera el más valenciano de todos los valencianos. Se le veía emocionado emocionadísimo, con alguna lágrima en los ojos. Gran maestro, gran personaje.
Al concierto asistió la Emérita, rodeada de una cohorte de guardaespaldas, policías, controles, cacheos, interrogatorios, decenas de coches de policía con sus azuladas sirenas, gentes endomingadas y militares uniformados de gala. Vamos, un número y un bochorno provinciano. El despliegue era como si en la sala estuvieran Putin y Trump con Zelenski por medio. El presidente Mazón, acaso escondido y temeroso de nuevo abucheo, se lo perdió. ¿O quizá se lo ahorró? ¡Qué cosa!
Justo Romero
(fotos: Live Music Valencia)


