VALENCIA / Éxito rotundo de Elder en ‘Luisa Miller’, su primera ópera en les Arts

Valencia. Palau de les Arts. 10-XII-2025. M. Sicilia, F. de Tommaso, A. Esposito, G. E. Alcantara, M. Barakova, G. Buratto, L. Grigorieva. Cor de la Generalitat Valenciana. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Dirección musical: Sir Mark Elder. Dirección de escena: Valentina Carrasco. Verdi: Luisa Miller.
Esta nueva producción de Luisa Miller despertaba un particular interés por tres razones. En primer lugar, por ser el debut operístico de Mark Elder en el Palau de les Arts. En segundo lugar, porque suponía el estreno de esta coproducción con el Maggio Musicale firmada por Valentina Carrasco. En tercer lugar, porque el teatro valenciano contaba con un atractivo reparto que incluía grandes nombres propios como es el caso del tenor Freddie de Tommaso.
Mark Elder había dirigido tanto a la orquesta como al coro en distintos conciertos sinfónicos, pero era la primera vez que bajaba al foso del que es su teatro. No lo tenía fácil. Lorin Maazel, uno de los grandes intérpretes de la historia de esta ópera, ya la había dirigido en 2008 con un memorable resultado a nivel orquestal y con un Marcelo Álvarez pletórico. Pero Elder no se quedó atrás y ofreció una versión personal, íntima y detallista haciendo suya esta ópera y logrando un contundente éxito que hizo levantar a la sala cuando subió al escenario a saludar. Además de por esa atención al detalle, su dirección destacó por el equilibrio dinámico entre el foso y la escena. Pocas veces en este teatro se han depurado tanto las dinámicas de conjunto. En ese sentido, destaca el partido que consigue del coro logrando que el Cor de la Generalitat no solo suene brillante, sino también cálido y flexible. Además, Elder optó por interpretar la ópera con todas las repeticiones (incluidas cabalette), criterio que ya incorporó Roberto Abbado y que estaría bien implantarlo como política del teatro.

Por tercera vez en esta temporada, Valencia estrenaba una nueva producción. Valentina Carrasco sitúa la acción en una fábrica de muñecas del siglo XIX. Al respecto hay que recordar que, como ocurre en Rigoletto o en Un ballo in maschera, Verdi tuvo que cambiar la ubicación de la ópera por exigencias de la censura. Así que esta reubicación está más que justificada y, además, resulta muy solvente a nivel estético. En general, la directora de escena parece tender en sus propuestas a focalizar la acción en un elemento simbólico, así lo hizo, por ejemplo, en La battaglia di Legnano en Parma en 2024 con los caballos. En este caso, se centra en la imagen de la muñeca. Así, Luisa pasa a ser una muñeca manejada por los demás, tal y como se plasma con claridad en el cuarteto a cappella. Ahora bien, en la escena final propuesta por Carrasco, Luisa no se bebe el veneno de manera que al final no muere. En lugar de eso, le da una muñeca al moribundo Rodolfo que junto a un doliente Miller lamentan la muerte de la muñeca mientras ella escapa persiguiendo una luz al fondo de la sala… No funciona. No se entiende. La escena y la música se separan demasiado y se pierde toda magia e intensidad dramática. Se podrá decir que es una forma de que Luisa escape del feminicidio y de ese mundo que la oprime y manipula como a una muñeca. Si es así, hemos descubierto el Mediterráneo… para ese viaje no valía la pena tamaño sacrificio.

El Palau de les Arts ha logrado reunir un elenco de primer nivel para un título tan comprometido. En ese sentido, fue una suerte contar con Mariangela Sicilia quien sustituyó hace meses en el cartel a Federica Lombardi. La soprano italiana se encuentra en un más que interesante momento de su carrera incorporando progresivamente títulos verdianos a su repertorio. La cantante sabe sacar el mayor partido a su voz lírica y firma una interpretación que va ganando en intensidad en los dos primeros actos hasta firmar un acto tercero emotivo y profundo gracias a unos pianissimi y unas filaturas cuya depuración crea momentos mágicos y conmovedores. Freddie de Tommaso es una de las figuras ascendentes del panorama internacional. Posee una atractiva voz de tenor spinto que destaca por la calidez del timbre oscuro especialmente en el centro. Recuerda, por la emisión en ese registro y algunos ataques, a Corelli. El tenor destacó en las partes más dramáticas y, especialmente, en el acto tercero; también firmó una magistral interpretación de “Quando le sere al placido” con atractiva línea de canto y brillantes agudos, así como una heroica versión de la cabaletta “L’ara, o l’avello appestami” incluyendo, a diferencia de Álvarez en 2008, la repetición: ahí queda eso.
Alex Esposito volvía a Valencia tras su éxito en Faust. El bajo italiano ofreció una personalísima interpretación de Walter en la que destacaba sus aspectos más siniestros y egoístas. En ese sentido, es interesante la fusión de su personaje con el de Wurm en la propuesta de Carrasco. De hecho, Wurm parece querer ocupar el puesto de Walter. En lo vocal, Esposito demostró un perfecto dominio del belcanto en su fraseo. Germán Enrique Alcántara fue un Miller lírico y brillante en el registro alto. Maria Barakova desplegó, como Federica, una voz de fácil emisión y solidez en la línea de canto. Por su parte, Gianluca Buratto encarnó al siniestro Wurm con una voz de canto impecable, lo que es una delicia para los sentidos, si bien, tal vez, no sea lo ideal para el rol. Por último, hay que destacar la calidad vocal que mostró la estudiante de Centre de Perfeccionament, Lara Grigoreva, como Laura.
César Rus
(fotos: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce/Les Arts)


