VALENCIA / El Palau de la Música no logra convencer con su ‘Don Giovanni’

Valencia. Palau de la Música. 14-VI-2026. Thomas Chendall, Marco Saccardin, Francesca Pia Vitale, Marco Ciaponi, Arianna Venditelli, Juliette Mey, Louis Morvan. Coro de la Comunidad de Madrid. Orquesta de Valencia. Dirección de escena: Benoît de Leernyder. Dirección musical: Francesco Corti. Mozart: Don Giovanni.
Nada terminó de funcionar del todo en este Don Giovanni propuesto por el Palau de la Música de Valencia: ni la dirección de Francesco Corti al frente de la Orquesta de Valencia, ni la propuesta escénica de Benoît de Leersnyder, ni un reparto demasiado discreto para una obra de esta importancia y un auditorio de este prestigio.
Sin duda, era una de las propuestas más interesantes de este final de temporada de la Orquesta de Valencia. La agrupación valenciana, está especializada en repertorio sinfónico, pero a lo largo de su historia son muchas las ocasiones en las que ha interpretado óperas en versión de concierto. Francesco Corti es un buen maestro y sus interpretaciones, desde una perspectiva históricamente informada, de los clásicos del siglo XVIII suelen ser siempre interesantes. Sin embargo, su dirección resultó monótona y previsible. La orquesta, a sus órdenes, no sufrió la esperada metamorfosis: no hubo un cambio significativo en la articulación, ni un control del vibrato para acercarse a las interpretaciones de orquestas especializadas con las que suele trabajar Corti. Además, no hubo un adecuado trabajo de las dinámicas y, a menudo, la orquesta tapaba a las voces, algo que, tratándose de Mozart, resultó sorprendente. Con todo, hubo aspectos interesantes, por ejemplo, se incluyó el dúo entre Leporello y Zelmira del acto segundo que es una auténtica rareza. En la escena final del acto primero se pudo apreciar las tres danzas interpretadas por grupos diferenciados sobre la escena, algo que es fundamental en esta ópera y que las modernas puestas de escena suelen obviar. También hay que reconocer que no toda la ópera se saldó con el mismo resultado: en la escena de la cena y el concertante final, el resultado fue muy superior al resto de la interpretación.
El reparto vocal fue muy discreto. Lo mejor fue, sin duda, la pareja compuesta por Francesca Pia Vitale como Donna Anna y Marco Ciaponi como Don Ottavio. Vitale demostró tener una impecable técnica, una voz carnosa y un depurado estilo en su canto. Sin embargo, su rol, en un reparto de primer nivel, sería el de Zerlina y no el de Donna Anna. Ciaponi, por su parte, convenció con su voz de tenor lírico de cristalino timbre y sólida técnica, especialmente en el pasaje. Arianna Vendittelli fue una Donna Elvira bien cantada y con carácter, pero con medios vocales demasiado limitados para un rol de esta responsabilidad. Thomas Chenhall fue un Don Giovanni sin carácter ni matiz. Le faltó articulación e intención para encarnar uno de los roles más emblemáticos de toda la historia de la ópera.
Por su parte, al Leporello de Marco Saccardin le faltó gracia y expresividad; su monótono fraseo y poco matizada dicción dejaron en manos de la subtitulación la comprensión del libreto. Juliette Mey fue una Zerlina sin carácter, con una voz de cierto atractivo canoro, pero sin personalidad. Louis Morvan alternó los papeles de Masetto con el del Commendatore. Convenció especialmente en el segundo rol. También decepcionó el rendimiento del Coro de la Comunidad de Madrid. En sus entradas del primer acto, no demostraron un nivel mucho mayor al que puede ofrecer un buen coro amateur. En la escena final, eso sí, el coro masculino mostró un gran rendimiento.
La propuesta escénica de Benoît Leersnyder no aportó gran cosa al espectáculo. Es cierto que su trabajo fue imaginativo en el empleo de todas las posibilidades y espacios de la sala Iturbi del Palau de la Música. El drama se mostró con claridad con todos sus componentes clásicos. Ahora bien, estamos en el siglo XXI y esta ópera suele ser objeto de interesantes propuestas escénicas que profundizan en el drama (también hay muchas que yerran el tiro). El Palau de la Música no es un teatro y no tiene por qué hacerse pasar por uno. En ese contexto, esta propuesta escénica parece innecesaria. Sería mejor que los intérpretes se hubiesen concentrado en la música y, si acaso, enriquecer una interpretación de concierto con algún gesto o movimiento.
César Rus
(fotos: Live Music Valencia)


