VALENCIA / El Magnificat de Bach en el Palau de la Música: este coro no es lo que era

VALENCIA. Palau de la Música, 6-X-2026. Emőke Baráth (soprano), Teresa Iervolino (mezzosoprano), Cameron Shahbazi (contratenor), Jorge Navarro-Colorado (tenor) y Benjamin Appl (barítono). Cor de la Generalitat Valenciana. Orquesta de Valencia. Director: Johannes Pramsohler. Johann Sebastian Bach: Suite para orquesta nº 3, BWV 1068; cantata nº 10, BWV 10, y Magnificat, BWV 243.
La Orquesta de Valencia se enfrentaba en este concierto a un programa exigente y comprometido. Al fin y al cabo, no es una orquesta especializada en el Barroco y Bach supone siempre un reto, incluso para orquestas dedicadas a esta música. Es cierto que no es la primera vez que interpretaban obras del maestro alemán bajo la batuta de un director que aplica criterios históricamente informados (por utilizar la expresión que ha ido sustituyendo al término «historicista»). Tanto Ton Koopman como Andrea Marcon los han dirigido con obras del repertorio sacro de Bach, pero no por ello se trata de una asignatura superada.
En ese sentido, Johannes Pramsohler se preocupó por reducir el vibrato en las notas largas y modificar algunos elementos de la articulación. El más evidente fue, sin duda, la suavidad a la hora de alcanzar la tónica en las cadencias, pero también en algunos aspectos de la acentuación se podía adivinar ese impulso. Por su parte, los profesores de la orquesta demostraron su versatilidad y capacidad de adaptación; por ejemplo, se emplearon las trompetas naturales y Javier Eguillor, como suele ser habitual, tomó asiento frente al timbal barroco, instrumento que domina a la perfección. Con todo, como ya ocurrió con la versión del Don Giovanni que firmó Francesco Corti, los resultados fueron limitados. No siempre se alcanzaron la claridad, la flexibilidad y la precisión deseadas, ni el gesto del director el más certero. Aun así, se firmó un Bach más que digno y con momentos brillantes. En cuanto a las individualidades, hay que subrayar la excelente interpretación que el concertino, Enrique Palomares, hizo de las partes solistas en la obertura de la Suite nº 3.

Capítulo aparte merece el comentario sobre la actuación del Cor de la Generalitat en la cantata nº 10 y el Magnificat. En estos días, el coro se ha dividido para poder actuar en La verbena de la Paloma en Les Arts y este programa en el Palau de la Música. El nivel general fue, como siempre, excelente. No cabe duda de que el Cor de la Generalitat sigue siendo un coro de primer nivel; sin embargo, ya no es impecable. Recordemos que este coro ha sido, y sigue siendo, todo un referente a nivel nacional e incluso internacional. Sin embargo, no se puede vivir de rentas eternamente. Tanto en el coro «Meine Seel erhebt den Herren» que abre la cantata nº 10 de Bach, como en el «Gloria Patri et Filio» del Magnificat, se escucharon estridencias y tiranteces, e incluso más de una voz calante. No recuerdo este tipo de defectos en un coro que tenía por signos de identidad la afinación, la nitidez y la precisión. Es la confirmación de algo que a lo largo de los últimos años venimos señalando sutilmente y que ha llegado el momento de poner sobre la mesa: la necesidad de una renovación de plantilla por la vía de la ampliación de plazas.
La actual plantilla tiene demasiados miembros más cercanos a la edad de jubilación que a su época de esplendor, y eso pasa factura. La solución es fácil: basta con seguir el ejemplo de la Orquesta de la Comunitat que, bajo la dirección de James Gaffigan, amplió la plantilla hasta las 77 plazas (con margen aún para aumentar), y que ahora vive el que es, probablemente, su mejor momento a nivel técnico. El Cor de la Generalitat cuenta con poco más de 40 plazas de una plantilla que apenas se ha renovado en décadas. El del Liceu, por ejemplo, cuenta con más de 60 miembros. La responsabilidad, por tanto, está en manos de los actuales responsables técnicos y políticos del coro. Los resultados de no hacer nada ya no se pueden ocultar.
El Palau de la Música contó con un excelente equipo de cantantes encabezado por la exquisita soprano Emőke Baráth, quien domina a la perfección el repertorio barroco. Por su parte, Teresa Iervolino sacó partido del grato timbre de su voz. Cameron Shahbazi, quien triunfó el año pasado en Giulio Cesare en les Arts (Tolomeo), volvía a la ciudad para firmar una magistral interpretación bachiana. Excelente también resultó la interpretación del tenor Jorge Navarro-Colorado, así como del barítono Benjamin Appl.
César Rus


