VALENCIA / El adiós de James Gaffigan

Valencia. Palau de les Arts. 3-IV-2025. Olesya Petrova (mezzosoprano). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana (director: Jordi Blanch Tordera). Dirección musical: James Gaffigan. Obras de Schubert, Haydn y Prokófiev.
James Gaffigan (1979) ha cerrado su impecable y fecunda titularidad de la Orquestra de la Comunitat Valenciana con las señas y virtudes que han marcado estos cinco años de éxito y equilibrio. Lo ha hecho con un programa variopinto que sumaba páginas tan dispares como la Canción de los espíritus sobre las aguas D 714, que compuso Schubert entre 1820 y 1821 a partir del poema homónimo de Goethe (Gesang der Geister über den Wassern), la Sinfonía La pasión de Haydn, y, finalmente, la cantata Alexánder Nevski, de Prokófiev, cuya monumentalidad viene como anillo al dedo al arte extravertido y a flor de piel de Gaffigan.
La claridad, rigor, vitalidad, profesionalidad y honradez han sido señas que han marcado el trabajo dinamizador desarrollado por el director neoyorquino desde que en septiembre de 2021 asumiera la titularidad de la orquesta valenciana. También han sido claves identitarias de la resolución de un programa en el que, desde el punto de vista interpretativo, destacó con claridad la opulencia sonora y atención a los detalles con que planteó la apocalíptica cantata de Prokófiev, en la que la mezzo rusa Olesya Petrova puso voz y expresión en su única pero intensa intervención, en el sexto (“El campo de la muerte”) de los siete episodios que integran la cantata, elaborada en 1939 a partir de la música de cine que un año antes había compuesto expresamente para la genial película homónima de Eisenstein.

Versión brillante, de refulgentes texturas, plena de color y claro sentido narrativo. Abrasadora y sutil, en la que la Orquestra de la Comunitat Valenciana lució sus calidades sin fisuras, desde una cuerda sin parangón por estas latitudes, que antes, en Schubert y Haydn se había mostrado: dúctil, delgada, de perfecta afinación y fraseo unísono que roza la perfección, a unas maderas cargadas de color y calidad instrumental, un metal empastado y poderoso en plan orquesta estadounidense, y una sección de percusión (seis instrumentistas más el timbalero) que brilló con pulso y perfecta métrica.
La Sinfonía La pasión, tan distinta pero tan próxima en su afán de expresar sensaciones y sentimientos, recibió una fiel y muy bien tocada lectura, en la letra y quizá el espíritu, pero que no logró levantar el vuelo de la pasión ni del drama. Algo semejante ocurrió con un Schubert cuya buena letra y atención al detalle quedó lejos de la sugestión fantasiosa que entraña la partitura. La intensidad dramática que volcó el Cor de la Generalitat en la Cantata de Prokófiev se replegó aquí en una interpretación empeñada en la melodiosidad y ensoñaciones schubertianas. Al final, el público que casi abarrotó las localidades del Auditorio del Palau de les Arts y los propios profesores de la orquesta se fusionaron en una ovación única y atronadora al director que dice adiós. Magdalena Martínez, músico de mayor edad de la OCV, y que fue el primero que, ya en 2005, quiso contratar Lorin Maazel para su proyecto valenciano, le entregó un enorme ramo de flores. James y Magdalena se fusionaron en un abrazo amplio y cálido que era el mejor reflejo de los afectos y buen hacer que James Gaffigan deja en el recuerdo y sus sonidos.
Justo Romero
Foto: Miguel Lorenzo- Mikel Ponce


