VALENCIA / ‘Diálogos de carmelitas’ y Carsen, la vigencia de lo bueno

Valencia. Palau de les Arts. 23-I-2025. Nicolas Cavallier (marqués de La Force), Alexandra Marcellier (Blanche de La Force), Valentin Thill (caballero de La Force), Doris Soffel (madame de Croissy), Ambur Braid (madame Lidoine), Michèle Losier (madre Marie de la Encarnación), Sandra Hamaoui (sor Constance de Saint-Denis), Marina Rodríguez-Cusì (madre Jeanne del Niño Jesús) , Laura Fleur (sor Mathilde), Michael Colvin (Capellán), etcétera. Cor de la Generalitat Valenciana (director: Jordi Blanch Tordera). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Dirección musical: Riccardo Minasi. Director de escena: Robert Carsen. Poulenc: Diálogos de carmelitas.
Ópera “compleja, visionaria e inusual”, que indaga y pone en carne viva los recovecos más hondos del sentir, Diálogos de carmelitas es título capital del repertorio lírico francés y universal. Ahora ha recalado en el Palau de Les Arts de la mano de Robert Carsen y su referencial y casi treintañera producción de 1997, ya vista en medio mundo, en teatros de ópera como Londres, Milán, Viena Chicago, Toronto, Ámsterdam y Madrid, donde en 2006 la programó el Teatro Real con López Cobos. También en el otro medio mundo, gracias a la versión videográfica grabada en la Scala de Milán en febrero de 2004, bajo la puntillosa dirección musical de Riccardo Muti y un calibrado reparto encabezado por Dagmar Schellenberger y Anja Silja.
En Valencia ha sido dirigida por otro italiano, su tocayo el romano Riccardo Minasi (1978), quien ha cuajado una aquilatada versión de intenso calado expresivo, en la que el rico tejido sonoro del foso ha realzado el sugestivo poder plástico de la escena y el lirismo de un elenco de voces con pocas fisuras, liderado por la joven soprano francesa Alexandra Marcellier (Blanche de La Force), y la más que veterana mezzosoprano alemana Doris Soffel, escénicamente sobresaliente Priora, pero que a sus magníficos 76 años no cuenta ya con los requerimientos vocales que precisa este personaje de carácter, pero también con significativa enjundia vocal.
Con la muerte como fondo y motivo recurrente, Poulenc y Bernanos indagan en los sentimientos y reflexiones de las 16 monjas que durante el “Periodo del Terror” (1793 y 1794) de la Revolución Francesa, terminaron decapitadas. “Una reflexión sobre la muerte”, al decir de Carsen, quien, se apoya en una colosalista pero limpia y minimalista escenografía de Michael Levine realzada por la matizada pero intensa iluminación de Cor van den Brink y él mismo. Todos los elementos dramáticos aparecen empeñados, pese a tan esencializada grandiosidad, en clarificar la acción en un decurso teatral que tres décadas después mantiene vigencia y su sentido novedoso original.
Una narración que, en su actualidad, ayer y hoy escucha y deja respirar la música, a la que otorga espacio y quietud, particularmente en los inspiradores interludios sinfónicos que ubica Poulenc entre las diversas escenas, cuyos cambios se efectúan a telón abierto, hábilmente disimulados y ocultos con frecuencia por la propia masa coral o las mismas monjas protagonistas. Como los buenos caldos, el trabajo de Carsen ha envejecido con la nobleza de lo verdaderamente bueno. Minasi se implica en el lenguaje escénico de Carsen para cuajar un trabajo coherente y armonizado en todas sus perspectivas. Con ello, ha revalidado sus sobresalientes trabajos anteriores en el Palau de Les Arts, tanto operísticos (Don Giovanni, en 2023) como en el ámbito estrictamente sinfónico.
Fueron precisamente la OCV y el gobierno de Minasi lo mejor de este estreno excepcional. Salvo puntuales y pequeñas pifias en los metales y alguna que otra imprecisión en la cuerda, la Orquestra de la Comunitat Valenciana volvió a sonar de la mano de Minasi con la excelencia, opulencia y sutilezas características. Maestro e instrumentistas desplegaron la inmensa paleta de registros, colores y detalles de esta ópera de tan sustancioso sentido coral, en la que batuta y foso cobran esencial relieve y protagonismo. Valga el excepcional solo de corno inglés como símbolo y reflejo de las muchas excelencias que desprendió el foso.
La joven soprano francesa Alexandra Marcellier (Blanche de La Force), que sustituía a la cantante inicialmente anunciada –la alemana de origen boliviano Carolina López Moreno–, hizo lucir las cualidades por las que en 2023 fue considerada como “cantante revelación”. Se metió en la piel, en la vocalidad y en las mil aristas de Blanche de la Force hasta culminar una cuajada interpretación más notable escénica que musicalmente. En el reparto relumbró también la vocalidad ligera y precisa de la soprano Sandra Hamaoui, que ya marcó las bases de su empático personaje –sor Constance de Saint-Denis– en la “escena de la plancha”, perfectamente conjuntada con la voz de Alexandra Marcellier.
También descolló el barítono-bajo Nicolas Cavallier, cuya vigorosa vocalidad fue base de un rotundo y bien entonado marqués de La Force. El tenor Valentin Thill (¿algún parentesco con el legendario Georges Thill?) delineó, por su parte, un Caballero de La Force joven, impulsivo y finamente cantado. Entre el conjunto de monjas, daba gusto reencontrarse con la veterana mezzo valenciana Marina Rodríguez-Cusì, convertida en esta ocasión en “Madre Jeanne del Niño Jesús”. El “Capellán” del tenor canadiense nacido en Irlanda Michael Colvin no tuvo precisamente su mejor día.
El Cor de la Generalitat (dirigido ahora, tras la jubilación de Francesc Perales, su director de “toda la vida”, por Jordi Blanch Tordera), no desaprovechó la ocasión que le otorga esta ópera de tanta enjundia coral para resaltar sus mejores atributos. Sobresaliente también en el no menor protagonismo escénico que le confiere la producción de Carsen, se mostró perfectamente ensamblado con las sutilezas sinfónicas que desprendía el foso y animaba el gobierno de Minasi. Todos, cantantes, coro y orquesta, recogieron el favor del púbico, pero muy especialmente Minasi y Carsen. Cuando uno y otro aparecieron a saludar la ovación colectiva se intensificó vivamente. Tanto tanto como cuando el director romano levanto a la orquesta desde el escenario. Gran noche de ópera.
Justo Romero
(fotos: Miguel Lorenzo – Mikel Ponce / Les Arts)


