VALENCIA / Cosa de los tiempos

VALENCIA / Cosa de los tiempos

Valencia. Palau de les Arts. 10-XI-2020. Orquesta de Valencia. Javier Barberá y Raúl Junquera, trompetas. Director: Leopold Hager. Obras de Beethoven, Schubert y Valero Castells. Obertura Leonora II.

Un estreno absoluto es siempre un acontecimiento. Más en el anodino entorno de las actuales temporadas sinfónicas españolas, donde la vanguardia y la música española parecen asuntos de otra galaxia. Por eso y por el reconocimiento de su creador, el estreno de Concierto Galdosiano para dos trompetas y orquesta nº 3 del valenciano de Silla Andrés Valero Castells (1973) había generado expectación e interés en el mundillo musical valenciano. Como adalides de la nueva obra, la Orquesta de Valencia (en otros tiempos tan dada a las vanguardias), los trompetistas Javier Barberá y Raúl Junquera –ambos solistas de la OV- y el más que veterano director salzburgués Leopold Hager, que a sus 85 años tuvo el coraje de afrontar y montar la nueva obra.

Sin embargo, el flamante Concierto Galdosiano queda alejado de la línea creadora de su autor, uno de los nombres más activos en la actual música valenciana, y defraudó las razonables expectativas generadas. Sus dos movimientos aparecen nutridos de ilusas ideas motrices cogidas con alfileres –el centenario de Pérez Galdós, la coincidencia con el 250º aniversario de Beethoven, la pasión del primero por el segundo…-, y el conjunto no acaba de cuajar más allá de la pintoresca acumulación de citas, que nada tiene que ver con las genialidades de, por ejemplo, Shostakovich en su decimoquinta sinfonía o de Berio en su única sinfonía. En el caso de Valero Castells, a la cita larga, manida y redundante de Beethoven y su sobada Marcha fúnebre, se añaden otras no menos pintorescas, en un batiburrillo en el que malviven más que conviven melodías tan dispares como las de Arban, Arutunian, Boccherini, Haydn y hasta el Resistiré del Dúo Dinámica. ¡Demasié!

El virtuoso y dispuesto trabajo solista de los trompetas Javier Barberá y Raúl Junquera no pudo otorgar vuelo a una composición que no quedará precisamente entre lo mejor del surtido catálogo de su creador ni de su tiempo. Tampoco Leopold Hager, maestro en las músicas de la Primera Escuela de Viena pero no en estos menesteres contemporáneos, era el director ideal para liderar el estreno, que fue precedido por una desajustada y muy mejorable obertura Leonora II de Beethoven. Los amargores se disiparon parcialmente al final del programa, con una bien galvanizada Quinta de Schubert dicha a la vieja escuela, con criterio, suficiencia y calidades instrumentales, donde Leopold Hager por fin pareció ser el maestro que todos tenemos en la memoria. Éxito de todo y de todos en las tres obras. Cosa de los tiempos.