VALENCIA / Casi todos tan contentos

VALENCIA / Casi todos tan contentos

Valencia. Palau de les Arts. 23.X.2020. Mahler, Sinfonía nº 4. Orquesta de Valencia. Marina Monzó, soprano. Director: Ramón Tebar.

En la memoria del melómano valenciano habitan estupendas versiones de la Cuarta sinfonía de Mahler, como las dirigidas por Esa-Pekka Salonen, Lorin Maazel, Vladímir Yurovski o, más recientemente (noviembre 2018), Gustavo Gimeno al frente de su Filarmónica de Luxemburgo y el canto de Miah Persson. Ahora, al frente de la Orquesta de Valencia y tras la notable lectura que ofreció junto a esta misma formación Pablo González hace un par de años (marzo 2018), la más clásica sinfonía de Mahler ha retornado a los atriles de la OV de la mano titular de Ramón Tebar y en la compañía del canto joven pero ya muy notable de la soprano valenciano Marina Monzó.

Tebar firmó una lectura rutilante y rutinaria, muy inferior a la ofrecida por la orquesta valenciana con Pablo González, y a la más remota (8 de abril de 2011) al mando de Leopold Hager. Al director valenciano le falta flexibilidad y vuelo para reconstruir el cosmos mahleriano. Marca entradas, respeta indicaciones dinámicas y hasta señala algunas inflexiones de tempo. Hubo en su parca lectura corrección, buena voluntad, y evidente dignidad profesional.

Comenzó su particular viaje mahleriano con un tempo lento y prometedor, con el característico cascabeleo henchido de resonancias populares, Dúctil, con pulso y rumbo, al que siguió el realce de la flauta de Salvador Martínez y del oboe de Roberto Turlo, quien, a pesar de algún lapsus puntual, cantó con soltura y desparpajo popular las muchas melodías que entraña la partitura. Destacaron igualmente el corno inglés, el solista de trompeta -Raúl Junquera-, timbales y en general la sección de percusión.

Tras el prometedor inicio, la delicada primera entrada de la cuerda auguraba y parecía confirmar una versión de interés. Pero pronto el relato decayó, con un segundo movimiento más desajustado de lo razonable, y un tercero muy lentamente entendido, cuya consecuente desnudez exigía un trabajo bastante más pulido en las cuerdas. Mahler indica “poco adagio”, pero el maestro pareció olvidar lo del “poco”. También el hecho nada baladí de que el compositor se refiriera frecuentemente a este tercer movimiento como “andante”.

Algo mejoraron las cosas en el cuarto y último movimiento, donde Mahler opta por remitir todo a un mundo celestial lleno de pureza, bellezas, paz e inocencia. ¡Hasta de buenas viandas! Pero a pesar de la buena respuesta orquestal, Ramón Tebar se quedó lejos de las puertas del paraíso, cerrando una lectura tan correcta como plana y monocorde. Si en la versión inolvidable de Lorin Maazel (29 de marzo de 2008) la encargada de cantar los versos del poema Das himmlische Leben extraídos de la colección Des Knaben Wunderhorn fue la gran soprano valenciana Ofelia Sala, en esta ocasión ha sido su paisana Marina Monzó, quien con su canto puro y perfilado casi convenció de lo que dice en su última estrofa: “Ninguna música terrenal puede compararse a la nuestra”. Acabada la música y tras unos impostados segundos de imagen congelada a lo Novena de Mahler, llegó la fiesta del aplauso. Y casi todos tan contentos, como en el cielo de los versos. ¡Qué bien!