Scherzo | CRÍTICAS / VALENCIA / Albiach, maestro a ‘mezza voce’, por Justo Romero

VALENCIA / Albiach, maestro a ‘mezza voce’

VALENCIA / Albiach, maestro a ‘mezza voce’

Valencia. Palau de les Arts (Auditori). 6-X-2022. Orquestra de València. Director: Álvaro Albiach. Obras de Montesinos, Giner, Serrano, Ibert y Ravel.

Éxito sonoro y resonante el obtenido por el edetense Álvaro Albiach (1968) en su primer concierto como principal director invitado de la Orquestra de València. Tras nueve largos y fructíferos años como titular de la Orquestra de Extremadura y una destacada carrera como director invitado, Albiach ha reemplazado a Enrique García Asensio en un puesto que el veterano maestro ocupó durante 31 años. Albiach representa una nueva generación, heredera satisfecha de la de García Asensio. Con otras maneras y recorridos, pero con similar entrega y solvencia. Frente al verbo suelto y directo de EGA, Albiach es un maestro a mezza voce, que habla piano y templado, de no muchas palabras y sí muchas efectividades. Tiempos nuevos para una orquesta como la de Valencia, ya octogenaria y en permanente renovación y crecimiento.

Ante un Auditori del Palau de les Arts prácticamente lleno, y con un programa que fue de más a mucho y muchísimo más, Albiach abrió la sinfónica tarde con las Variaciones caleidoscópicas de Eduardo Montesinos (1945) uno de los compositores valencianos más dinámicos de su generación. Su música directa y positiva, transcurre de acuerdo a una escritura sin retóricas, clara y siempre grata. En estas variaciones de 1975, luego retocadas en 2016, Montesinos juega con el dodecafonismo sin nunca apartarse de su estilo personalísimo y diáfano.

Las variaciones de Montesinos fueron preludio de El festín de Baltasar, obra relevante dentro del recortado sinfonismo romántico español. Su autor, Salvador Giner (1832-1911), patriarca de la moderna música valenciana, es también figura imprescindible de la música española de su tiempo. En El festín de Baltasar, estrenado en 1893, Giner vuelca su talento orquestador e inspiración intensamente romántica, tan claramente influida por el admirado Wagner. La Orquestra de València, cuidadosamente dirigida por su flamante principal director invitado, brindó una versión fiel a la letra, forma y expresión de una obra que reclama presencia más frecuente en las rutinarias  y poco imaginativas programaciones sinfónicas españolas.

Como colofón a la valencianísima primera parte de este programa excepcional y novedoso llegó el brillante intermedio de la ópera póstuma La venta de los gatos, de José Serrano, él mismo discípulo de Giner. En este conocido fragmento, el compositor suecano recurre a una opulencia sinfónica de epidérmico sabor popular. Brillantez, arraigo, efectismo y virtuosismo instrumental fueron el cóctel perfecto para el éxito de este final de parte, en un concierto enmarcado en los actos de la conmemoración del Nou d’Octubre, día de la Comunitat Valenciana.

La universalidad llegó en la segunda parte, con dos obras francesas de penetrantes opulencias sinfónicas y brillanteces expresivas. Escales, el recorrido por el Mediterráneo que en 1918 traza Jacques Ibert desde la paleta orquestal, y que tras sendas ‘escalas’ musicales en Roma, Palermo, Túnez y Nefta recala en la misma Valencia de Montesinos, Giner, Serrano y el propio Albiach. Fue una versión instrumentalmente imperfecta -¿existe la perfección?-, en la que el maestro de Llíria extrajo lo mejor de una Orquestra de València cuyas calidades también quedaron reflejadas en el encantado solo de oboe inspirado en las serpientes de Nefta.

Como final, como colofón de este programa inteligente y cargado de sentido y lógicas, la suntuosidad prodigiosa de La Valse de Ravel. Albiach propuso y materializó una versión dúctil, libre, de amplios acentos y flexibilidades. Respiró con la orquesta y con el ritmo recreado de Ravel. Fue una interpretación de gran maestro, en la que Albiach lució su mejor plenitud con una dirección exquisita y vibrante, cargada de morbidez, sentido rítmico y entidad sinfónica. La Orquestra de València, no muy dada tradicionalmente a las mezzo voci, se transfiguró para ofrecer, con sus defectos y cosillas, una de sus mejores interpretaciones. El enorme y calibrado arco dinámico; el pulso rítmico -los timbales de Javier Eguillor y la nutrida sección de percusión en su conjunto fueron vitales- y la implicación protagonista de todos y cada uno de los componentes de la ampliada Orquestra de València fueron pilares de tan cuajada y feliz lectura. Hasta el alcalde de Valencia, Joan Ribó, mezclado discretamente entre el público con su sempiterno jersey, aplaudió con melómano entusiasmo. Igual hasta fue en bici al concierto. Cosas veredes, Sancho…

Justo Romero

(Foto: Live Music Valencia)