Una orquestación de las canciones de García Lorca

Una orquestación de las canciones de García Lorca

En los días en que escribo esta bitácora la Orquesta Sinfónica de Galicia está presentando en una gira de conciertos la orquestación de ocho de las Canciones españolas antiguas de Federico García Lorca a cargo de su director asociado, José Trigueros. Todo aficionado conoce las orquestaciones parciales de Feliu Gasull, Josep Pons, Joan Albert Amargós o Lluís Vidal que precisamente Pons llevó al disco con la Orquesta de Cámara del Teatre Lliure y Ginesa Ortega como cantaora. Trigueros ha trabajado con diez de ellas —Anda, jaleo, Los cuatro muleros, Las morillas de Jaén, Zorongo, Romance de Don Boyso, Los pelegrinitos, Los mozos de Monleón, El café de Chinitas, Nana de Sevilla y Sevillanas del siglo XVIII— partiendo de la edición de las mismas que prologara en su día Gustavo Pittaluga.

El trabajo de Trigueros, que conoce la orquesta perfectamente desde su posición de percusionista principal de la Sinfónica de Galicia, es verdaderamente sobresaliente. Escrito para un orgánico muy equilibrado —el mismo que el de El corregidor y la molinera, que se daba en el mismo programa— da la sensación de tratar de aportar, sobre todo, una base suficiente a la voz, nunca de situarse por encima, con algún detalle sorprendente por la pertinencia expresiva —el uso del piano, por ejemplo— y, en el mejor de lo sentidos, de una falta total de pretensiones, de no ‘sobreoquestar’ nunca. Lo que no quiere decir que no haya en su trabajo una contextualización muy inteligente del conjunto de voz —en el estreno la cantaora Marina Heredia— y orquesta, que hacen aquel inequívocamente del tiempo en que las canciones se armonizaron. Lo que escuchamos es, por decirlo así, muy del 27, de sus finezas y de sus raíces.

Falta ahora que la orquestación se edite y sirva para lo que debe, que es interpretarse con esa frecuencia con que, desgraciadamente, no se hace la música española.