CARTAGENA / Un violín convertido en batuta, por José Antonio Cantón

CARTAGENA / Un violín convertido en batuta, por José Antonio Cantón

Cartagena. Auditorio El Batel. 26-I-2019. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Violíln y director: David Grimal. Obras de Beethoven.

José Antonio Cantón

U

no de los más destacados invitados en la presente temporada de conciertos de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) ha sido el violinista francés David Grimal, músico de raza que ha convertido su Stradivarius, conocido por el nombre “ex-Roederer” (1710), en una imaginaria batuta a la que hay que prestarle atención por sus interpretaciones llenas de una musicalidad fresca, espontánea y de vital naturalidad con la orquesta francesa Les Dissonances, una aventura que no cesa desde que la fundara en 2004, teniendo su residencia en la Ópera de Dijon. La ÖSRM ha tenido el acierto de contar con su experiencia en un programa Beethoven no por popular y conocido menos difícil en lo técnico y en lo artístico: el singular Concierto para violín y orquesta en Re Mayor op. 61 y la universal Quinta sinfonía en Do menor op. 67. Para la ocasión aquí reseñada, contaba con la transparente acústica de la sala de El Batel, que permite al oyente percibir la música con un color que puede extrañar por la disgregante información sonora que aporta. Con este concierto se iniciaba la temporada de esta orquesta en la ciudad cantonal con un notable aumento de abonados, como ha quedado publicado en los medios de comunicación.

Grimal, sin el menor gesto, parecía concentrar la mentalización de la orquesta a tocar de manera camerística, en la que la vista y los gestos de los músicos constituyen el entramado del automatismo de ejecución, que él seguía de espaldas a ellos para cambiar de postura, encarando su presencia, en la breve cadencia con la que se incorporaba al discurso del allegro que abre el Concierto op. 61 de Beethoven. A partir de ese momento la fluidez del diálogo se mantuvo con gran musicalidad y capacidad expresiva, convertida en mutua guía de ejecución. La plasticidad que desprendía el violín del maestro Grimal marcaba las fluctuaciones dinámicas del discurso musical hasta la llegada de la coda y subsiguiente cadencia, en la que mostró su mejor arte. Por unos minutos la ÖSRM experimentó el espíritu de Les Dissonances ofrecido, por nadie mejor, que por su principal mentor.

La delicadeza, suavidad y finura fueron las actitudes sensibles que Grimal empleó en la interpretación de esa especie de romanza en la que se constituye el Larghetto central. Su violín cantaba con subyugante dulzura sus decorativas variaciones antes de afrontar la modulación que desemboca en el rondó final, en el que la orquesta aumentó la brillantez de respuesta dando la sensación, en su vital movimiento, que era una máquina sonante que hacía música no desde la partitura sino desde el muy asumido mensaje de la obra. Grimal no hacía sino exaltar la belleza de la creación beethoveniana marcando siempre los cánones de su interpretación con entregada convicción. Ante un cerrado aplauso, este sólido músico tocó con racionalidad matemática y sentida emoción la Sarabande de la Segunda partita en Re menor BWV 1004 de Johann Sebastian Bach.

En la Quinta sinfonía, como hace con su orquesta Les Dissonances, David Grimal ocupó el lugar del concertino con la importante misión añadida de dirigir la orquesta. La ÖSRM focalizó su figura de tal modo físico y con tal eficiencia musical que, en modo alguno, se echaba de menos la figura de un director al uso. El sonido fluía con habilidad técnica y sentido artístico, muy rico en detalles. Los músicos se conectaban y se escuchaban con agudizada atención. Todo funcionaba con extraña a la vez que complaciente belleza. En definitiva, la ÖSRM demostraba de manera fehaciente que se encuentra en un momento dulce de su experiencia, hecho que no se puede entender sin el trabajo continuado de su directora titular, Virginia Martínez, que va marcando acertadamente los tiempos de la progresión artística de esta formación, como se ha podido demostrar en este más que interesante y lucido concierto. Con esta excelente experiencia, se hace muy deseable poder escuchar al maestro Grimal con su singular orquesta. Esperamos que sea pronto.