Un Schubert vomitivo y un Brahms saludable

SCHUBERT:
Impromptus op. 90 & op. 142. Eric Lu, piano.WARNER (2 CD)
BRAHMS:
Últimas obras para piano (op. 116-119). Piotr Anderszewski, piano. WARNER (1 CD)
A algunas personas les encanta el queso, a otras les da náuseas con solo olerlo. Se trata, cómo no, de una cuestión de gustos. Varias personas cuyo criterio respeto han reaccionado con gran entusiasmo a los dos álbumes de Impromptus de Schubert de Eric Lu, publicados por el sello Warner. Lu, de 28 años, es un estadounidense que ganó el Concurso Chopin de Varsovia el año pasado y el de Leeds en 2018. Independientemente de cómo se valoren esos resultados, se trata de un pianista competente, dedicado y con experiencia que sin duda disfrutará de una larga carrera.
Dicho esto, prácticamente vomité al escuchar la primera nota de los Impromptus op. 90, y de nuevo en la tercera pieza del conjunto. La nota inicial se prolonga tanto que su desvanecimiento genera suficiente moho como para infestar un laboratorio de penicilina. Se trata de una interpretación afectada y ostentosa cuyo objetivo principal es causar impresión en el oyente. He escuchado a todos los pianistas importantes, desde Schnabel hasta Lang Lang, interpretar estos impromptus y ninguno de ellos, ni siquiera el último mencionado, se pone tan por delante de la música como lo hace Eric Lu en esta grabación. En cuanto al tercer impromptu, se ralentiza como el centro de Manchester en hora punta, avanzando a saltos y trompicones.
Y vuelvo al principio. Se trata, obviamente, de una cuestión de gustos y opiniones personales. Otros pueden pensar de otra manera. Pero me siento incapaz de intentar una nueva audición de este disco sin que me produzca dispepsia.
Para recuperarme, probé la reciente grabación de las últimas meditaciones pianísticas de Brahms por Piotr Anderszewski, las op. 116 a 119, y me llamó inmediatamente la atención lo acertada que era la interpretación. Anderszewski, que ha cumplido 56 años, nunca estuvo demasiado interesado por los concursos de piano. Limita sus apariciones en vivo y se centra en un puñado de compositores con los que siente una afinidad especial, entre ellos Bach, Bartók y Szymanowski. No hay nada artificial en su forma de tocar. Fluye, como diría Mozart, como el aceite.
Este es un Brahms para quienes conocen a Brahms: impecable, literal y lleno de sentimientos contenidos. Es la medicina perfecta para combatir la desolación que nos produce el estado actual del mundo. Tome una dosis por la mañana y otra por la noche.
Norman Lebrecht
Eric Lu:
Piotr Andersewski:


