Un día de Navidad con la ‘Pastorale’ de Bernardo Storace

Desde SCHERZO, celebramos el día de Navidad con una de las más excéntricas e impresionantes piezas que ha producido la literatura para órgano del siglo XVII: la Pastorale de Bernardo Storace. “Vice Maestro de Capilla del Ilustrísimo Senado de la Noble y ejemplar ciudad de Mesina”, así se definía el propio Storace en la introducción de su única colección publicada, Selva di varie compositioni d’ intavolatura per cimbalo et organo (Venecia, 1664). Es todo lo que sabemos de él. El resto es un misterio: cuándo y dónde nació, cómo se desarrolló su carrera, con cuáles ambientes estuvo en contacto. Si no fuera por la Selva, ni siquiera tendríamos constancia de su existencia.
El lenguaje de la Selva di varie compositioni se inserta en la línea marcada unas décadas antes por Frescobaldi aunque con elementos muy personales. La Pastorale con la que Storace cierra el volumen no tiene una vinculación explícita con la Navidad, pero el género siempre estuvo relacionado con la música navideña por su imitación de los sonidos de chirimías y gaitas, asociados con la presencia de los pastores en el relato evangélico del Nacimiento de Jesús. Así lo atestiguan la Pastorale con la que finaliza el Concerto grosso “para la noche de Navidad” (op. 6 nº 8) de Arcangelo Corelli o la Pifa (Sinfonía pastoral) incluida en la primera parte del Mesías de Haendel.
No obstante, la Pastorale de Storace va mucho más allá en la mímesis del elemento popular. La pieza sorprende de entrada por su duración: 11 minutos y alrededor de 250 compases. Sobre una única nota pedal de Re, el compositor dispone una sucesión de breves fórmulas rítmico-melódicas que parecen inspirarse de cerca en el repertorio de los gaiteros populares de Sicilia y que están sometidas a un proceso constante de expansión y repetición. A estas pautas se superpone una arquitectura en cuatro partes con un aria central. La primera sección establece desde los primeros compases un carácter encantatorio (a menudo la partitura indica repetir dos o tres veces la misma frase). La segunda sección [2’27”] marca el pasaje al ritmo ternario; las frases se hacen más sinuosas y ornamentadas, mientras que en el aria [4’02”] la línea melódica cobra por un momento un rasgo más lírico y menos frenético. La tercera sección [4’33”] establece un tono de danza más evidente, en las líneas de una coreografía de impronta popular; la cuarta [6’21”] culmina este proceso de crescendo iterativo y paroxístico.
Para la Iglesia de Santa Maria degli Angeli en Mesina, Caravaggio había pintado en 1609 una Anunciación de los pastores [arriba], un encargo de aquel mismo Senado del que Storace sería luego vicemaestro de capilla. Aquí, el tema de la Natividad se reduce a una representación austera y humilde: unos pocos elementos que el pintor resalta en su física y desnuda realidad. ¿No podría un parecido ideal de arte “pobre” haber inspirado también la Pastorale de Storace?


