Translitera, que algo queda

Translitera, que algo queda

Transliterar nombres y apellidos de idiomas que, como el ruso, el griego, el árabe o el chino, no utilizan el alfabeto latino siempre ha sido un notable problema para cualquier medio de comunicación impreso. Sobre todo, cuando se trata de personajes del pasado. Hoy en día, son los propios interesados los que determinan cómo se debe romanizar su apelativo, casi siempre atendiendo a la preponderancia de la lengua inglesa. No respetarlo podría considerarse no solo como una falta de cortesía, sino también como un menoscabo a la corrección política que impera en nuestra sociedad.

Si el director ruso Вале́рий Ге́ргиев ha adoptado la grafía latina Valery Gergiev para cuando sale de su país, no tiene mucho sentido que haya medios de comunicación españoles que se empeñen en llamarle Valeri Guérguiev, por mucho que, de acuerdo con la transliteración del cirílico ruso al alfabeto latino, sea lo que procede en nuestro idioma. La cuestión es que esa transliteración no es la misma cuando se trata del inglés, el francés o el alemán, ya que toda transliteración se rige por cuestiones puramente fonéticas. Y, claro, los fonemas del inglés no son los mismos que los del español. Ni los del catalán, por supuesto, por citar tan solo otra de las lenguas cooficiales de la nación española (o del “país”, o del “Estado”, o de esta “nación de naciones”, que tampoco en esto hay unanimidad).

Hago alusión al catalán porque el Gran Teatre del Liceu de un tiempo a esta parte se refiere a un famoso compositor ruso como Txaikovski, en vez del Chaikovski al que estábamos acostumbrados por estos pagos. No creo que haya mayor disparidad en la historia música sobre la grafía de un apellido como la del susodicho. Sus dos nombres y su apellido en ruso son Пётр Ильич Чайковский. La romanización más lógica sería la de Piotr Il’ič Čajkovskij, que es bastante parecida a la adoptada formalmente por los italianófonos: Pëtr Il’ič Čajkovskij (desde luego, no habría sido esta la admitida en tiempos de la Italia fascista, ya que Mussolini prohibió el uso de la jota en nombres y topónimos). Pero los anglófonos escriben Pyotr Ilyich Tchaikovsky, los francófonos Piotr Ilitch Tchaïkovski, los germanófonos Pjotr Iljitsch Tschaikowski y los lusófonos Piotr Ilitch Tchaikovski. Para los hispanófonos lo más aceptado era Piotr Ilich Chaikovski… al menos hasta que el diario El País empezó a usar Piotr Llich Chaikovski. Y ahora nos encontramos con el catalanizado Piotr Ilitx Txaikovski, cuya grafía es idéntica a la empleada en vasco.

La cuestión es que Chaikovski (o como quieran escribirlo ustedes), al contrario de lo que sucede con Gergiev, murió hace muchos años y no está el hombre en condiciones de decirnos cómo quiere que romanicemos su apellido. De todas formas, la voluntad del interesado no siempre ha sido respetada. Tenemos un caso claro, en el que, además, no nos topamos con el inconveniente de la transliteración: ¿cómo hemos de escribir los dos nombres y el apellido del autor de El Mesías? Los alemanes se refieren a él como Georg Friedrich Händel. El mundo anglosajón lo hace como George Frideric Handel. Por aquí, como somos muy nuestros, parece haberse impuesto un híbrido inexplicable: George Frideric Haendel (es decir, dos nombres ingleses y un apellido alemán en su grafía moderna, que no era la misma en tiempos del compositor). Y los italianos, durante el siglo XVIII, por aquello de sus aprietos con la pronunciación de la jota (que, en este caso, sería una hache aspirada), escribían generalmente su apellido así: Andel. Händel, Haendel, Handel y Andel, no está mal, ¿verdad?

Si respetáramos la voluntad del músico, lo correcto sería George Frideric Handel, ya que así decidió pasar a llamarse cuando el Parlamento atendió su solicitud y le concedió la nacionalidad británica en 1727. De hecho, a partir de ese momento pasó a firmar así todas sus partituras y cartas, y todos los documentos oficiales. Pero sucede que, oficialmente, el segundo nombre de Handel nunca fue Friedrich, sino Friederik, ya que de esta manera le inscribió en el registro el párroco de la iglesia de Halle en la que fue bautizado, lo cual recuerda mucho a otro compositor germano: Buxtehude. ¿Se llamaba Dietrich o se llamaba Dieterich? En aquel tiempo, lo correcto era Dieterich, pero ese nombre cayó en desuso, por lo que hoy se prefiere Dietrich.

Ah, y ya que sale Halle a colación, ¿es procedente referirnos a Handel como el compositor “sajón”? Hoy Halle forma parte de Sajonia. En concreto, del estado federado de Sajonia-Anhalt. Pero cuando nació Handel, Halle pertenecía a Brandemburgo-Prusia, que fue la denominación historiográfica del estado formado en 1618 que unía al ducado de Prusia con el margraviato de Brandemburgo (que entonces era parte del Sacro Imperio Romano Germánico). El estado de Brandemburgo-Prusia fue sucedido por el reino de Prusia en 1701, por lo que, en puridad, Handel fue compositor “brandemburgués-prusiano” hasta 1701, compositor “prusiano” hasta 1727 y compositor “británico” hasta el momento de su muerte.

Nota: Dejo para otro día la disquisición sobre los nombres y apellidos del idioma serbocroata, que seguramente da para hablar más que ningún otro, porque, cuando se trata de escribirlo, los serbios (que antes eran servios en la lengua española) emplean el alfabeto cirílico y los croatas utilizan el latino. Así las cosas, el apellido Cencic (que es el de un famoso contratenor) en puridad tendríamos que escribirlo Cenčić si fuera el de un croata, pero si fuera el de un serbio tendríamos que transliterarlo como Sénchich).