TORRELODONES / Los hermanos Alqhai y el periplo vital de la viola da gamba

TORRELODONES / Los hermanos Alqhai y el periplo vital de la viola da gamba

Torrelodones. Teatro Bulevar. 10-IV-2021. Festival de Música Antigua de Torrelodones (FEMAT). Fahmi Alqhai y Rami Alqhai, violas da gamba. Obras de Tobias Hume, Gaspar Sanz, Monsieur de Sainte Colombe, Marin Marais, Jean-Philippe Rameau, Joe Satriani y Johann Sebastian Bach.

Hay quien sostiene, con no poca sorna, que la única aportación interesante de los británicos a la civilización occidental antes de la invención del fútbol fue William Shakespeare. No seré yo el que entre a ratificarlo o a rebatirlo, pero tal vez sí a matizarlo: justo cuando Shakespeare hacía méritos para convertirse en una de las figuras más grandiosas de la historia de la literatura y del teatro, un ramillete de británicos (Gibbons, Coprario, Lawes, Simpson, Poole, Jenkins, Hume, Corkine…), con algún que otro refuerzo italiano (Ferrabosco padre y Ferrabosco hijo, aunque este ya nació en Inglaterra), dotaban a la viola da gamba de una identidad propia, la convertían en uno de los instrumentos musicales más importantes del Barroco y, de paso, creaban los consorts de violas. Fue lo que se ha dado en llamar “el espíritu de Gambo”.

Se trató de una absorción en toda regla, pues los británicos hicieron con la viola da gamba lo mismo que con el vino de Jerez (lo que ellos llaman sherry) o con el vino de Oporto. Aún hoy se discute cuál fue el verdadero origen de la viola da gamba. ¿Nació en algún territorio del mundo árabe? ¿Vio la luz en el Reino de Valencia? ¿Fue una fusión entre la viola da braccio europea —instrumento melódico— con el ud oriental —instrumento armónico— para poder hacer con un solo instrumento lo que antes se tenía que hacer con dos? Lo cierto es que fueron los italianos los primeros que la promocionaron y que compusieron música para ella (casi siempre, tratados didácticos), antes de que se la apropiaran los británicos, que después se la dejarían arrebatar por los franceses, quienes elevaron la viola da gamba a la cúspide del olimpo musical.

Narrado de otra forma bastante menos prosaica, así se resume el programa que los hermanos Alqhai (Fahmi y Rami) ofrecieron en el segundo concierto de la edición de este año del Festival de Música Antigua de Torrelodones. La sutileza de la música que surge de sus violas es infinitamente más descriptiva que la torpe prosa que sale de la pluma del abajo firmante para explicar el viaje existencial de tan seductor instrumento. Viaje que apenas duró un par de siglos: desde mediados del XVI a mediados del XVIII. Desde Ganassi y el toledano Ortiz en Italia, hasta Abel en Alemania e Inglaterra. Dos siglos parecen mucho, pero no son nada. Por eso no es tanta la literatura violagambística existente, razón por la cual los tañedores de nuestros días se ven en la necesidad de arreglar para la viola da gamba música que originalmente se concibió para otros instrumentos.

El programa empezaba en las islas británicas (una pavana y la pieza The spirit of Gambo de Tobias Hume que sirvió para bautizar esta época), pasaba por la España del Siglo de Oro (los Marizápalos, los Canarios y las Marionas de Gaspar Sanz, arreglados, claro, por Fahmi Alqhai) y finalizaba en Versalles, la apoteosis del lujo (el tombeau Les Regrets de Monsieur de Sainte Colombe, y Les Voix Humaines y Les Folies d’Espagne de Marin Marais, además de un arreglo coetáneo de Les Sauvages de Jean-Philippe Rameau).

Lo que vino a continuación forma parte de esa necesidad que sienten hoy los violagambistas de buscar en repertorios ajenos para hacerlos propios: El cant des ocells que popularizó en el siglo XX Pau Casals y las rockeras Variaciones sobre un tema de Joe Satriani, debidos de nuevo a Alqhai. Ah, y a modo de propina, otro descomunal arreglo del violagambista sevillano: nada más ni nada menos que el sobrecogedor Andante de la Sonata para flauta travesera y bajo continuo BWV 1034 de Johann Sebastian Bach.

Los hermanos Alqhai se sintieron extremadamente cómodos sobre las tablas del coqueto teatro torresano. Y cuando uno se siente cómodo y lleva por dentro una vena artística tan grande, lo normal es que un simple concierto acabe convirtiéndose en un acontecimiento que dura largo tiempo en la memoria de quienes tienen la dicha de haber podido presenciarlo.