TOLEDO / Cantar alla Viola clausura el ciclo Los veranos del Museo del Greco

Toledo. Museo del Greco. 10-VII-2025. Cantar alla Viola. Obras de Marenzio, Henestrosa/Cabezón, Blas de Castro, Hume, Corkine, Kremberg, Ziegler, Da Milano y Caccini.
Aunque en el Museo del Greco de Toledo no abunden los instrumentos musicales en los lienzos de Doménikos Theotokópoulos allí expuestos (ni en el conjunto de las piezas que ahora mismo se pueden ver en dicho museo, más allá de una mandolina y de una lira de Orfeo grabada por Bartolomeo Pinelli en Mitologia illustrata, libro incluido en una muestra temporal dedicada a Perséfone), la obra del Greco sí presenta motivos musicales en algunos de sus óleos de temática religiosa ubicados en la propia capital castellana, como La Inmaculada Concepción contemplada por San Juan Bautista (c. 1580-1586) o La Inmaculada Concepción (1608-1613); ambos, parte de la colección del Museo de Santa Cruz.
Inspirado tanto por esa presencia de instrumentos de cuerda y viento (asociados a una música celestial tocada por los ángeles) como por la representación de lo musical en las obras pictóricas del Renacimiento, el Museo del Greco ha programado, un año más, su ciclo Los veranos del Museo del Greco, cuya cuarta edición presenta en 2025 tres conciertos que se han celebrado en los meses de junio y julio, de forma que, tras los programas ofrecidos por El Afecto Ilustrado y por el dúo integrado por Cristina Bayón y Jesús Pineda, turno fue para la clausura de dicho ciclo, con un último concierto titulado Música Poética. El mundo sonoro del manierismo, interpretado por Cantar alla Viola, dúo formado por la soprano jordano-estadounidense Nadine Balbeisi y el violista alicantino Fernando Marín.
Los más de veinte años de experiencia que ambos aquilatan en este repertorio, a los que se suma su experiencia musicológica rescatando partituras antiguas, construyendo instrumentos y perfeccionando sus interpretaciones de un modo históricamente informado, no sólo nos han dejado ya una serie de grabaciones discográficas en las que podemos disfrutar de su exquisito trabajo, sino conciertos que, como el del pasado 10 de julio en el Museo del Greco, resultan de lo más pertinente en un recinto como el dedicado en Toledo a Doménikos Theotokópoulos, acompañados Cantar alla Viola en sus sucesivas interpretaciones por los cuadros del pintor cretense y por una notable asistencia de público, que volvió a refrendar el éxito de este ciclo de conciertos.
El programa de Cantar alla Viola estuvo dividido en dos partes, en función del instrumento que acompañaba al canto en cada una de ellas. La primera nos condujo al Renacimiento, siendo el instrumento seleccionado por Fernando Marín una bella vihuela de arco (Mod. ibérico, c. 1500) construida a partir de un modelo existente en la Catedral de Cuenca; una vihuela de bello timbre y contenida presencia sobre la que destacó poderosamente la voz de Nadine Balbeisi al entonar las canciones de Luca Marenzio que abrieron el programa, Amor tien il suo regno y Dicemi la mia stella; ambas, estilizadas en correspondencia con el estilo del Greco: manierismo que Fernando Marín nos dijo que caracterizó, cual efímera llama, los momentos de transición al decaer los grandes periodos históricos y dar paso a nuevas afirmaciones del estilo (en este caso, en la transición entre el Renacimiento y el Barroco).

Con Para quién crie yo cabellos, de Luis Venegas de Henestrosa/Antonio de Cabezón, Fernando Marín nos dejó una soberbia muestra del sonido de su vihuela, más presente aquí y muy beneficiada por lo recogido del recinto, para así poder adentrarnos en la delicada poética de su instrumento. Éste se desdobló, a través de la voz de Nadine Balbeisi, en las cuatro canciones de Juan Blas de Castro que cerraron la primera parte del concierto, tanto en Entre dos álamos verdes, como en el caso de Marenzio, sin rastro de vibrato y apenas ornamentada: pura limpidez del canto como estilización del verso poético que da impulso a estas partituras, como en Tus imbidias me hablan, con su bello arpegio imitando el goteo de una fuente; o Del Cristal del Mançanares y Para todos alegres, con sus alternancias de arco y pizzicato para marcar, bien el ritmo, bien los pasajes de mayor expansión anímica del canto: buenas muestras, en la voz de Nadine Balbeisi, del gran criterio de un Blas de Castro que puso música a versos de poetas para él contemporáneos como Lope de Vega o Luis de Góngora, reforzando un concepto de transversalidad entre las artes que el propio Fernando Marín defendió en el Museo del Greco, al afirmar que «los pintores hablaban el mismo lenguaje que los músicos, buscaban las mismas cosas».
En la segunda parte del concierto, Marín tomó en sus manos una viola da gamba (lyra viol) por él mismo construida con la que tomamos conciencia del mayor poderío de dicho instrumento y de su más acusada versatilidad, reforzada por un arco que permitió al músico alicantino atacar con más amplitud y matices, reforzando los efectos polifónicos en las dobles cuerdas, lo que hace del acompañamiento instrumental un interlocutor más sólido para las piezas del Renacimiento tardío y del Barroco temprano escuchadas en esta segunda parte.
Loves Farewell, del compositor y violista escocés Tobias Hume, fue un perfecto ejemplo de esa experimentación que caracteriza al trabajo de Fernando Marín, con su incansable búsqueda del color instrumental más adecuado para cada una de estas piezas, dando lugar a una articulación y a un fraseo que, como su apoyo en el registro grave, nos hablan de un tiempo nuevo en la interpretación con instrumentos de arco, dotando a su viola da gamba de mayor profundidad y transparencia en la dobles cuerdas, lo que redunda en una armonía más sólida, abierta y rica en detalles.
Apoyada en esa mayor prodigalidad y abanico de matices, My dearest mistress, del inglés William Corkine, permitió a Nadine Balbeisi cantar de un modo más teatral y espontáneo, con un registro más agudo que contrastó de forma efectiva con la viola de Fernando Marín, lo que refrenda el carácter dramatúrgico de My dearest mistress y la personalidad de los personajes aquí evocados.
Nacido en Varsovia en torno a 1650, el siguiente compositor al que escuchamos, Jakob Kremberg, es una de las especialidades de Nadine Balbeisi y Fernando Marín, quien llegó a afirmar que el descubrimiento de este autor le había cambiado la forma de comprender la música, a partir de recopilaciones como Musicalische Gemüths-Ergötzung, oder Arie (1689). De Kremberg disfrutamos, en primer lugar, de Ich hab die Augen zwar geweidet, aria para soprano y viola que contrastó fuertemente con My dearest mistress, pues aquí nos adentramos en un universo de mayor interioridad y ensimismamiento, característico —según Fernando Marín— de la acusada expresividad a la que dio lugar la Contrarreforma. Soberbia, ha estado Nadie Balbeisi en estas arias que ambos han grabado y que publicarán próximamente en una edición en tres discos compactos con la que pretenden compartir sus hallazgos en la música de Kremberg.

Con Johann Christoff Ziegler y su Entrata, parte de su Intavolatura zur Viola di Gamba (c. 1680), nos adentramos en un territorio plenamente prebachiano, avanzando notables pasos en la técnica y en la expresividad de una viola que Fernando Marín expande en vibrato, digitación, dobles cuerdas y un virtuosismo que apunta ya al Barroco, sin renunciar un ápice a la hondura, a la introspección y a la obscura belleza de lo que, décadas después, serán las insondables zarabandas del Kantor.
De vuelta a las arias de Jakob Kremberg, en primer lugar escuchamos Mein treues Bluth bleibt allzeit guth, con sus matices sul tasto y el bello contraste con una voz que no deja de buscar la luz; y Gebet Rath getreue Sinnen, en la que Nadie Balbeisi se muestra más lírica y teatral, abriendo su canto con más colores y desparpajo, lo que redunda en la riqueza de expresividad y técnicas que, como apuntó Fernando Marín, caracteriza el tan escasamente (re)conocido (al menos, en España) trabajo de Jakob Kremberg.
Pero sería un regreso a Italia, cuna del manierismo, el que protagonizaría el final del concierto, rememorando el decisivo paso del Greco por Venecia y Roma, y su aprendizaje de maestros como Tiziano, Tintoretto o Michelangelo. Volviendo al pasado, para acusar el contraste con el Renacimiento del que el manierismo procede, del lombardo Francesco da Milano escuchamos su Ricercare nº 7, con su limpidez y etérea transparencia a la que el contrapunto se asoma con un modo imitativo repleto, de nuevo, de teatralidad y dejes poéticos bien apurados por Fernando Marín.
Dos hermanas (hijas del compositor Giulio Caccini) cerraron el recital; en primer lugar, la florentina Francesca Caccini, de quien escuchamos Maria dolce Maria, partitura que Nadie Balbeisi pobló de un anhelo religioso marcado por la espiritualidad, el misticismo y la estilización a modo de verdadera plegaria, contrastando con una viola da gamba más sobria y grave: claroscuro que ha presidido varias de estas piezas a lo largo del concierto, reforzando el rol y la personalidad de cada integrante de Cantar alla Viola.
Ello volvió a ser evidente en Due luci ridenti, de Settimia Caccini, en cuyos compases atacados en pizzicati evocó Fernando Marín el laúd, como parte de sus pasajes más recogidos y concentrados, mientras que en arco primó el desparpajo y la afirmación del canto, para dejarnos unas sensaciones realmente estupendas en el conjunto de un concierto tan pertinente en el espacio en el que lo hemos escuchado como afín a esa espiritual verticalidad del Greco, a su vez, tan abundante en contrastes, colores y matices.
La gran ovación recibida por Cantar alla Viola no sólo premió el enorme trabajo y el rigor de Fernando Marín y Nadine Balbeisi, sino la pertinencia de un ciclo, Los veranos del Museo del Greco, que sin duda en 2026 volverá a dejarnos, con la que será su quinta edición, momentos tan bellos como el vivido con este concierto entre los cuadros de Doménikos Theotokópoulos el pasado 10 de julio: nueva celebración, como la propia vida del Greco, de una Europa concebida como un recorrido de pinceladas culturales a lo largo de la historia.
Paco Yáñez
(Fotos: Paco Yáñez)


