Stravinsky: una playlist sin ballets

Stravinsky: una playlist sin ballets

Como Picasso —a quien le dedicó una piececilla para clarinete—, Stravinsky era, a la vez, inteligente y listo además de un verdadero profesional. Tenía tras de sí la tradición y vivía el presente ojo avizor para que la posteridad no le pillara desprevenido. Con todo y semejante perspicacia fue un genio al que no es fácil desentrañar y mucho menos concentrar en unas cuantas píldoras.

Se trata de proponer diez de sus músicas que no sean ballets. Toda selección es un pequeño fracaso porque ni siquiera convence del todo al que la hace, se le quedan cosas fuera y siempre se cuela alguna intimidad a la que no puede resistirse. En fin, por orden cronológico, aquí tienen ustedes diez joyas a escuchar cuando quieran.

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1. La historia del soldado. Tango, valse y ragtime (1918)


De cómo la penuria económica después de una guerra es capaz de aguzar el ingenio cuando el genio está presto.

Pierre Boulez. Orquesta de Cleveland. Deutsche Grammophon. 

 

2. Sinfonías para instrumentos de viento (1921-1927)


Sinfonía como música concertante. Un homenaje a Debussy que evoca unos cuantos sueños de la Rusia perdida.

Simon Rattle. Nash Ensemble. Chandos.

 

3. Sonata para piano. III (1925)


Casi no se toca y, sin embargo, es Stravinsky por los cuatro costados. El tiempo central dicen que evoca a Beethoven pero en el último el autor se evoca a sí mismo.

Peter Hill, piano. Naxos.

 

4. Sinfonía de los Salmos. III (1930)


Una obra que removió el sentido de la música religiosa en tiempos de crisis mientras el propio autor, con la ayuda de Ansermet, tenía que dar explicaciones.

Andris Nelsons. City of Birmingham Symphony Orchestra. Orfeo.

 

5. Concierto en mi bemol “Dumbarton Oaks”. I: Tempo giusto (1938)


De perdidos al río. El que miró atrás y se lo echaron en cara se atreve con Bach y le sale él mismo. Quedábamos en que lo que no es tradición es plagio.

Colin Davis. English Chamber Orchestra. Decca.

 

6. Elegía para viola sola (1944)


Un ejemplo magistral de concentración —cuatro minutos y medio— que es también un ejercicio formal de primer orden.

Gerard Causse, viola. 

 

 

7. Sinfonía en tres movimientos. II: Andante (1946)


Otra vez el concepto. Hay quien dice que esto no es una sinfonía sino un concierto para orquesta. Probablemente. El Andante suspende la discusión porque da lo mismo.

Simon Rattle. Berliner Philharmoniker. Warner.

 

8. The Rake’s Progress. Acto III, escena 3. “Where Art Thou, Venus? (1951)


La ópera que Stravinski hizo con Auden… y con Hogarth al fondo. El pobre Tom, que se cree Adonis, espera la llegada de Venus.

John Eliot Gardiner. London Symphony Orchestra. Ian Bostridge, tenor. Deutsche Grammophon.

 

9. Monumentum pro Gesualdo di Venosa. II: Ma tu, cagion di quella (1960)


Inevitablemente o no, el recorrido por el pasado se cierra en Gesualdo en la misma época en la que, a la vejez, aparecen otros mundos.

Philippe Herreweghe.  Collegium Vocale Gent. Royal Flemish Philharmonic. Pentatone.

 

10. Variaciones para orquesta. Aldous Huxley in memoriam (1965)


Una gloriosa casi despedida como para recordarnos que él sabía de todo aunque no pudiera serlo todo.

Oliver Knussen. London Sinfonietta. Deutsche Grammophon.