Stravinsky: ‘Ni siquiera Wagner entendía sus libretos’

Stravinsky: ‘Ni siquiera Wagner entendía sus libretos’

El bueno de Igor Stravinsky nos dejó hace 50 años, y proliferan hoy los artículos que nos recuerdan la figura del compositor, y hasta los debates sobre si es o no la figura más significativa de la música del siglo XX, materia en la que prefiero no entrar, porque empiezo a pensar en Bartók, en Ravel y en algunos otros, y me pongo a sudar muchísimo. Y básicamente encuentro que es una transpiración bastante inútil.

Lo que motiva estas líneas es recordar, del enorme músico ruso, su socarronería y, para qué nos vamos a engañar, sus buenas dosis de mala baba. Respecto a la primera, él mismo se mofaba de su propio idilio con el destilado escocés de alta graduación, conocido en los ambientes como whisky, hasta el punto de decir que, en realidad, se debió llamar Igor Strawhisky.

Pero la socarronería se teñía a menudo de mala baba cuando se trataba de otros. A Wagner se refería, en su libro Poética musical, en los siguientes términos: “En esencia, lo que irrita en esos rebeldes del arte, de los que Wagner nos ofrece el tipo acabado, es el espíritu de sistema con que, bajo pretexto de desterrar las convenciones, establece otras tan arbitrarias y mucho más molestas”.

En el vídeo cuyo enlace aparece al final de este artículo, Stravinsky cuenta el proceso de elaboración, por parte de Jean Cocteau, del libreto de Edipo Rey, la ópera-oratorio que el ruso escribiera basado en la tragedia de Sófocles. Stravinsky cuenta que pidió a Cocteau un libreto “que debe ser muy banal, para el gran público, sin nada que debiera entenderse”, e insistiendo “muy banal”. El ruso dice entonces “y Cocteau hizo un libreto que era… wagneriano (con cara de asombro)”. “Esto no es banal, es wagneriano”, le dijo entonces Stravinsky a Cocteau (obsérvese la sonrisa socarrona que sigue en el video). Insistió en demandar un libreto mucho más simple, “para todo el mundo”. Y en ese momento saca a pasear su dardo antiwagneriano… por duplicado: “Ni siquiera Wagner entendía sus libretos”. “Ni siquiera Hitler los entendía.” Luego prosigue la guasa, y también las sonrisas socarronas. Al final, después de un segundo libreto “un poco menos wagneriano, pero aún wagneriano”, el tercer empeño mereció el elogio del compositor: “como el de las óperas italianas, eso es lo que necesito”.

Como señaló en el libro citado, “podemos expresarnos tanto más libremente cuanto que los bellos días del wagnerismo han pasado ya”. Está claro que para Stravinsky… habían pasado. Si no, ya se encargaría él de que pasaran.