Sophie Junker en ‘La Serenissima’, arias de extraordinaria belleza

LA SERENISSIMA
Arias de Lotti, Caldara, Vivaldi, Marcello, Gasparini, Albinoni y Porta. Sophie Junker, soprano. {oh!} Orkiestra. Directora, concertino y violín solista: Martyna Pastuszka. APARTÉ (1 CD)
El inmenso talento de Sophie Junker no está acompañado de una carrera discográfica mínimamente acorde, sobre todo si tenemos en cuenta que cada disco solista que nos ofrece es un acontecimiento musical. Si hace cinco años nos asombró con La Francesina, donde recogió nueve de las arias que Haendel dedicó a Elisabeth Duparc, un disco multipremiado (entre otros, el ICMA de 2021 como mejor disco barroco vocal), hoy va más allá, al conjugar su maravillosa voz con un programa de extraordinaria belleza y poco o nada transitado, aunando así calidad y novedad.
El disco se centra en arias venecianas de las tres primeras décadas del siglo XVIII y, aunque solo dos constituyen primicia, casi todas se escuchan como si fuera la primera vez. Un caso paradigmático es el aria de Giovanni Porta “Madre diletta” (Ifigenia in Aulide), que Joyce DiDonato grabó en su álbum Drama Queens (Erato, 2012): lo que en la norteamericana son excesos, exageraciones y énfasis histriónico, en la belga es sutileza, contención, matiz y sublimidad.
La selección atraviesa todos los afectos, tanto agitados como reposados, y en todos ellos Junker realiza un trabajo formidable. En las arias de bravura exhibe una presencia y arrojo soberbios y ni que decir tiene que maneja con brillantez, soltura y perfección la coloratura (Con fiamme, e con straggi, de Lotti). Sin embargo, son los afectos sombríos y tiernos los que hacen de este lanzamiento algo fuera de serie. La manera en que transforma Come mai puoi vedermi piangere (Marcello) en una nana triste y emotiva; L’ombre, l’aure, e ancora il rio (Vivaldi) en pura desolación; o la imprescindible aria de Porta en la más conmovedora despedida de una hija a su madre, va más allá del elogio.
Para colmo de perfección, el acompañamiento orquestal del conjunto polaco y la dirección de Martyna Pastuszka son inmejorables.
Javier Sarría Pueyo


