Sokolov, un artista colosal

Sokolov, un artista colosal

GRIGORY SOKOLOV, piano: Obras de Beethoven, Mozart, Brahms, Schubert, Chopin, Rameau, Rachmaninov y Debussy / DG 48365708 (2 CD + 1 DVD)

Cada disco nuevo de Sokolov es un acontecimiento, como lo es cada uno de sus recitales. DG lanza ahora un álbum de 2 CD, que en esencia contiene el mismo programa que ofreció en marzo de 2019 en el Ciclo de Grandes Intérpretes, y que el firmante reseñó en el nº 350 de Scherzo: Sonata op. 2 nº 3 y Bagatelas op. 119 de Beethoven, Piezas opp. 118 y 119 de Brahms, más la consabida serie de propinas (en esta ocasión se ofrecen siete, en contra de la inveterada costumbre del pianista, que en sus recitales presenta siempre media docena), donde sí hay algunas diferencias con la serie ofrecida en Madrid, y que, como el resto procede de tomas en vivo de diferentes recitales: Zaragoza (junio 2019), Wuppertal (junio 2019) e Iglesia de San Bernardo in Rabbi (Italia, agosto 2019, durante el festival que se celebra allí en homenaje al gran Arturo Benedetti-Michelangeli).

Por su parte, el DVD que viene como bonus a quienes adquieran el álbum, contiene un recital celebrado en el Auditorio Giovanni Agnelli de Turín, el 31 de mayo de 2017. El programa incluyó Mozart (Sonatas K 545 y 457, Fantasía K 475), Beethoven (Sonatas nº 27 op. 90 y nº 32 op. 111) y las seis propinas de rigor: Schubert (Momento musical D 780/1), Chopin (Nocturnos op. 32), Rameau (l’Indiscrète), Schumann (Arabeske op. 18) y Debussy (Canope, de Preludios, Libro II/10).

En cuanto al CD, tengo que repetir en buena medida lo que escribí en la reseña mencionada, porque la sensación despertada es exactamente la misma. El ultraconcentrado y severo Sokolov luce otra vez más (y van…) una talla pianística y artística colosal. Su lectura de la op. 3 nº 2 de Beethoven tal vez no sea la más chispeante del mundo, especialmente en un apolíneo, aunque no especialmente sonriente primer tiempo, pero es difícil decir con más exquisito primor el adagio de esta obra, y dibujar un final más grácil, tras un scherzo que sorprende en su serena elegancia.

Las Bagatelas nos llegan recreadas como pinceladas de elegancia, sutil fantasía y exquisito sentido cantable. Y, como en Madrid, vuelven a sobrecoger las dos series brahmsianas, donde si apabulla el rotundo poderío de la Rapsodia que cierra la serie del Op. 119, lo hace después de habernos estremecido de emoción en el íntimo, nostálgico y hermoso canto del segundo del Op. 118 y sobre todo en la tristeza, entre misteriosa e interrogadora, del último de esa serie, o la etérea melancolía del primero del Op. 119.

La serie de propinas incluye una serena, nostálgica y profundamente emocionante lectura del Impromptu schubertiano D 935/2, y también del Allegretto D 915. Dos versiones que en muchos momentos de serena y lírica tristeza e introspección le acercan a un ilustre compatriota cuyo Schubert, especialmente en los últimos años, tenía buenas dosis de ello: Sviatoslav Richter. Aunque servidor no es partidario de llevar a Rameau al piano, si hay alguien capaz casi de convencerme en sentido contrario, con su inverosímil control de la articulación en Les Sauvages y casi más en el alegre Le Rappel des Oiseaux, ese es Sokolov.

El Brahms añadido (op. 117/2) se hermana perfectamente con las series previas, y nos llega luciendo de nuevo un nostálgico lirismo expresado con una elegancia simplemente sublime. Sensacional, elegantísimo, auténtica marca de la casa, el Preludio op. 32/2 de Rachmaninov. Y sobre el preludio debussyano Los pasos sobre la nieve me repetiré de nuevo: delicado, sugerente, de una sutileza y refinamiento sonoro culminado en un final adelgazado hasta lo imposible.

El DVD Mozart-Beethoven deja impresiones algo más mezcladas. El Mozart de Sokolov está, cómo no, admirablemente ejecutado, con una articulación cristalina, un sonido cuidadísimo y un gusto exquisito en los adornos incrustados. La K 545 se nos presenta sencilla, elegante y sin pretensiones, con un andante elegante y grácil, pero la interpretación puede resultar un punto severa para algunos. No falta dramatismo en la Fantasía K 475 – Sonata K 457, pero tal vez algunas decisiones hagan levantar las cejas a más de uno. En el movimiento inicial, el ruso opta por prescindir del “Molto” que aparecía en las primeras ediciones, pero no en el original del salzburgués, y el tempo parece el de un allegro no especialmente rápido. Sin embargo, es más difícil explicar el tempo más que moderado escogido para el Allegro assai (y agitato, si hacemos caso de la acotación de la Neue Mozart Ausgabe) final de la sonata.

Es improbable en cambio, que despierten controversia alguna las formidables lecturas de las op. 90 y op. 111 de Beethoven, interpretadas sin solución de continuidad y que resultan, sobre todo la segunda, de una imponente intensidad. Sokolov luce todas sus armas pianísticas y expresivas, y hace que la op. 111 se nos revele como la obra absolutamente visionaria y asombrosa que es. En las propinas, en fin, me quedo con los dos Nocturnos chopinianos, Debussy y Schubert, antes que Rameau y, sobre todo, que una Arabeske un tanto peculiar en el rubato y en algún staccato en la mano izquierda que parece destacar con excesiva prominencia. Es todo un descubrimiento comprobar que el hermético Sokolov, pasado el concierto, se muestra afable y ¡sonriente! mientras firma discos a los aficionados. No se lo pierdan.