Sokolov, 25 años de magia en el ciclo de Grandes Intérpretes

Sokolov, 25 años de magia en el ciclo de Grandes Intérpretes

El 24 de febrero de 2020 compareció en la sala sinfónica del Auditorio Nacional, con su proverbial severidad escénica, Grigory Lipmanovich Sokolov (San Petersburgo, 1950), para ofrecer una nueva actuación en el ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo, la vigésimo segunda desde su creación en 1996. Ninguno sospechábamos en aquel momento que ese recital se estaba salvando, literalmente, por la campana, porque apenas tres semanas después, el 14 de marzo, España quedaba confinada y se unía al resto del mundo (en aquel momento desgraciadamente para ponerse a la cabeza) para afrontar un periodo que, en términos de morbimortalidad, se cuenta ya entre lo más terrible que se recuerda después de la última conflagración mundial.

Ese año 2020 cumplía el ciclo, que volvió a reencontrarse contra viento y marea con el público tras el verano, y en condiciones bien diferentes de las habituales, la notable cifra de veinticinco ediciones. Y en la que se celebra, tocando madera, este año de 2021, con el virus aún ocasionando estragos, es Sokolov el que celebra las bodas de plata de su primera presencia, en 1996. Será su vigésimo tercera actuación en este ciclo, y la decimoctava continuada, ya que, ausente en las ediciones de 1997, 1999 y 2003, desde el año 2004 no ha faltado a una sola edición.

Grigory Sokolov con Antonio Moral, fundador del Ciclo de Grandes Intérpretes.

Sokolov es, con apreciable diferencia respecto al siguiente (Christian Zacharias, con quince conciertos), el artista que más ha frecuentado este ciclo. Lo ha hecho, además, con una trayectoria de grandes éxitos de una consistencia extraordinaria. Cada visita de Sokolov es esperada por los aficionados como un gran festín, como una fecha especialmente señalada en el calendario, al que se incorpora como un auténtico ritual del piano. Y por supuesto sería una decepción que no esté en la lista de grandes pianistas que nos visitan cada año.

Un repaso por los compositores programados en estos veinticinco años de visitas madrileñas refleja algunas afinidades evidentes, y también alguna que otra ausencia curiosa. Beethoven, programado en diez ocasiones, es el compositor hacia el que Sokolov se inclina con más frecuencia. Y dados los resultados, no extraña nada que eso sea así, porque desde las sonatas primerizas hasta la monumental Hammerklavier, nos ha dejado interpretaciones para el recuerdo. El siguiente autor que figura con más frecuencia en todos estos años es Franz Schubert, que apareció en siete programas. Y tampoco extraña, porque su acercamiento a la música del vienés es de una intensidad emotiva a menudo sobrecogedora. Lo ha demostrado por igual en sonatas, impromptus o en las hermosas Piezas D 946. Con media docena de presencias encontramos a Chopin (incluyendo el recorrido por una sabrosa selección de polonesas que se nos promete este año; ya nos anticipó una estupenda Polonesa-Fantasía en 2005), pero también a Bach, Schumann y Mozart, todos ellos un poco por encima de Brahms (presente en cuatro programas), del que quizá desearíamos escuchar más, porque es otro autor del que es un intérprete formidable. El resto de los autores programados, desde Froberger a Komitas, pasando por Haydn, Franck, Scriabin, Prokofiev o Rachmaninov (este año), solo aparecieron una vez, con la excepción de Rameau y Stravinsky, que lo fueron en dos ocasiones.

¿Ausencias significativas? Algunas sí, sin duda. Llama la atención especialmente (pero eso en realidad es algo muy constante en su trayectoria) la ausencia completa de Bartók o Shostakovich, pero también que no aparezcan obras clave del repertorio como la Wanderer de Schubert, el Carnaval de Schumann o los Cuadros de Mussorgski. Pero en esto no está solo Sokolov, porque hay que recordar que un tal Richter nunca tocó la obra mencionada de Schumann y excluyó significativamente algunas sonatas significadas de Beethoven (como la Claro de Luna o la Waldstein). Como ha demostrado repetidamente en sus propinas (y en su grabación del Tercer concierto), Sokolov es un formidable intérprete de Rachmaninov, pero es este recital de 2021 el primero en el que incluye formalmente obras de su compatriota en el programa, propinas aparte.

La mención a su registro del Tercer concierto nos recuerda lo que hemos perdido con su decisión de no tocar más piezas concertantes. Pero Sokolov, buscador incesante de la perfección y de hacer la música con la mayor calidad posible, considera que eso, y más hoy día, en un mundo en el que la escasez de ensayos es la norma, es imposible con una orquesta o incluso en el ámbito de la música de cámara. Tras algunos años en los que sí interpretó piezas concertantes, el Sokolov de hoy sólo conoce un ámbito de actuación: el recital. Pero eso sí, qué recital. En un mundo dominado por la estandarización, cada recital del ruso tiene el sabor de una ocasión especialísima, de un momento que, quienes asistimos a este ciclo desde su creación, aguardamos con tantas ganas como seguridad de que nos conseguirá, de principio a fin, sumergir en esa magia tan especial que consigue crear, una y otra vez, siempre. Eso sí, en la actual tesitura, nos queda la duda de si, dada la situación del patio vírico y las limitaciones de duración, habrá lugar para la consabida media docena de bises… o si alguien le tendrá que decir: “Maestro, córtese, que hay que terminar”.

El programa de mano del concierto está disponible para su descarga en PDF.