Soberbio Shostakovich de Santtu-Matias Rouvali

SHOSTAKOVICH:
Sinfonías 6 y 9. Philharmonia Orcchestra. Santtu-Matias Rouvali. PHILHARMONIA RECORDS Records
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Hace unos meses escribí sobre uno de los discos de Shostakóvich menos satisfactorios que había escuchado en los últimos tiempos, una interpretación en la cual el director, un joven finlandés exageradamente promocionado, se deslizaba por la superficie musical sin penetración ni concepto estratégico. La melancolía que me embargó al escuchar este comienzo de ciclo sinfónico a cargo de un intérprete tan poco preparado se ha mitigado ligeramente desde entonces con la aparición de un ciclo paralelo firmado por otro director joven finlandés, Santtu-Matias Rouvali.
Rouvali, que este año cumple los cuarenta, es el actual titular de la Philharmonia de Londres y tiene muchas posibilidades de ser el próximo director en San Francisco o Los Ángeles. Estas sinfonías ponen de manifiesto sus puntos fuertes: un control asombroso de las dinámicas, cambios de color que rozan la filigrana y una comprensión de la arquitectura sinfónica poco común entre las jóvenes y mediáticas batutas.
La Sexta, escrita antes y después de la Segunda Guerra Mundial, desafió las expectativas del Kremlin. La sinfonía se abre con una mórbida cita de la Décima de Mahler, y prosigue a través de una secuencia plagada de macabras bromas musicales hasta una conclusión desenfrenada y vertiginosa. Por su parte, la Novena parecía negarse a celebrar la victoria de Stalin sobre Hitler. Las sinfonías expresan un obstinado distanciamiento de las agendas externas. Ahí radica su perdurable relevancia.
Muchos directores tienen dificultades para equilibrar la narrativa histórica con el presente. No es el caso de Rouvali. Aplacando las corrientes subterráneas de ansiedad, deja que la música se desarrolle como una historia de la vida cotidiana bajo un estado de terror, buena parte de la cual resulta mundana, si bien a veces se vuelve mortalmente emocionante. Lo que más me gusta de Rouvali es su calculada distancia de cualquier exageración. El segundo movimiento de la Novena, marcado como «moderato», es una lección magistral de cautela. Su controlada tensión hizo rechinar mis dientes.
Estas imaginativas lecturas están maravillosamente ejecutadas por una orquesta londinense de pedigrí. Rouvali es lo opuesto a un director de orquesta de montaña rusa. Es probable que nunca llegue a ver su rostro estampado en vallas publicitarias. Pero es un verdadero maestro de nuestro tiempo, inmerso en el pensamiento musical. Debería ser un candidato para aquellas orquestas que aún dan prioridad a la música.
Norman Lebrecht


