“Si hay varias vidas, elegiré volver a ser violinista” (Nicolás Chumachenco)

“Si hay varias vidas, elegiré volver a ser violinista” (Nicolás Chumachenco)

Era yo muy joven cuando escuché, retransmitido por Radio Clásica, el concierto de un violinista tan impactante (aún tengo ese sonido lleno de armónicos en la cabeza) que decidí hacer las maletas e ir hasta donde fuera necesario para estudiar con él: fue en la Musikhochschule de Friburgo, pero creo que en ese momento me hubiera ido hasta la Luna.

Virtuoso como pocos, en los años de clases y en los conciertos que le escuché o que pude tocar con él, raramente le oí fallar una nota, tal era su dominio del instrumento y su exigencia técnica, que era la misma consigo mismo que con los demás —aunque es cierto que, en las clases, se fue dulcificando bastante con los años—. Era un magnífico representante de la antigua escuela violinística, un artista capaz de transportarnos a otros mundos en sus interpretaciones, un violinista impecable.

Su entrega y generosidad como enseñante fueron enormes, y somos muchos los que le debemos tal dedicación. Era capaz además de ver lo especial y lo diferente en sus alumnos y de comunicarse, cuando él lo consideraba, como un verdadero maestro oriental. Creyó en mí más de lo que había creído nadie hasta entonces, y nunca le podré agradecer lo suficiente todo lo que me enseñó.

Estoy segura de que somos muchos los que guardamos muy hondo alguna de sus frases, y me resultaría imposible explicar cuánto le debo, cuánto le evoco o desarrollo a diario, o cuántas veces he repetido a los alumnos —para devolver de alguna manera lo recibido— sus enseñanzas. Para muchos era Nico, para otros Chumi, pero yo nunca pude dejar de llamarle Maestro.

Amaba su instrumento con pasión, lo disfrutaba, y así lo transmitía, pero también lo trascendía y compartía con los demás profundas reflexiones sobre la música y la vida. Con su cálido acento argentino, su sabia humildad y su rusa espiritualidad, me resuenan ahora sus palabras: “Cuando muera, no moriré como violinista, sino como hombre”,

Hasta la próxima vida pues, querido Maestro.