SEVILLA / Un baile de mascarillas

SEVILLA / Un baile de mascarillas

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 14-II-2021. Verdi, Un ballo in maschera. Ramón Vargas, Lianna Haroutounian, Gabriele Viviani, Olesya Petrova, Marina Monzó, Andrés Merino. Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección de escena: Gianmaria Aliverta. Dirección musical: Francesco Ivan Ciampa.

Ha sido la primera mátiné de la historia del Teatro de la Maestranza, pero a la vista de la respuesta del público (lleno absoluto con las restricciones Covid) bien que podría haber llegado para instalarse como tradición de aquí en adelante. No cabe sino alabar el arrojo del Maestranza al mantener, cambiando horarios y prescindiendo de una de las funciones programadas, esta producción de un título que no se veía ni oía en Sevilla desde aquella legendaria visita del Metropolitan Opera House durante la Exposición Universal de 1992. Y aún más hay que elogiar la capacidad de la nueva dirección artística del Maestranza para cerrar un elenco artístico de altísima categoría.

Ciampa dirige con una italianidad plena, heredero de la mejor tradición, que supo acentuar con intensidad dramática momentos como la densa introducción orquestal de la escena del antro de Ulrica o del sorteo de quién ha de ser el ejecutor de Riccardo. Con tempi siempre vivos y bien marcados, supo acompañar a las voces sin cubrirlas incluso en los momentos más densos y dramáticos, extrayendo de la orquesta sevillana una rica gama de colores.

La producción, procedente de La Fenice veneciana, lleva la acción a los tiempos inmediatamente posteriores a la Guerra de Secesión americana y hace de los conjurados una muestra del resentimiento de los confederados hacia el gobernador impuesto por el Norte vencedor, defensor asimismo de la libertad de los esclavos. Lo que explica la aparición en escena del Ku-Klux-Klan y su persecución hacia la población negra. Todo funciona con lógica y buen sentido teatral, sin estridencias ni “genialidades” incomprensibles.

Vargas sigue manteniendo una voz de muchos quilates, plenamente lírica, bien apoyada y homogénea en todos los registros, si bien sobresale especialmente por la morbidez de su centro. Se le puede achacar cierta monotonía expresiva y falta de regulaciones, pero su fraseo es siempre intenso y pasional. Soberbia sin ambages Haroutounian, voz verdiana de libro, con una capacidad de transmisión  emotiva impresionante, con magistral uso de los reguladores y una acentuación siempre al servicio de la expresividad dramática. Impresionante su capacidad de matización en “Morró, ma prima in grazia”. Viviani fue un Renato contundente, de sobrada corporeidad sonora que funciona mejor en los momentos dramáticos que en los líricos, donde se nota que le cuesta mantener un fraseo más fluido. Impactantes los graves de Petrova y la intensidad de su fraseo. Bellísima la voz de Monzó, rutilante como un cascabel y de enorme soltura escénica. Y al máximo nivel los secundarios, encabezados por un estupendo Merino como Silvano. Y los mejores elogios para un coro de perfecto empaste a pesar de cantar con mascarillas.

(Foto: Guillermo Mendo)