SEVILLA / Las cinco pruebas de Alberto Carretero en su 40 cumpleaños

Sevilla. 11-XI-2025. Espacio Turina. Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, director. Obras de Alberto Carretero.
El conjunto Zahir Ensemble se ha ocupado en múltiples ocasiones de la música de Alberto Carretero (1985) pero todavía tenía pendiente con él la asignatura del estreno/encargo, sustanciado en esta ocasión con Superstition Andalouse, sobre el cortometraje homónimo de Segundo de Chomón. Ese fue el punto de partida, porque las conversaciones entre el compositor y el director de la formación fueron a más hasta pergeñar lo que aconteció el pasado martes en el Espacio Turina, un programa monográfico dedicado al creador sevillano en su 40 cumpleaños.
No es fácil hacer recaer sobre una única voz creativa el peso de una sesión íntegra. Menos aún cuando el orgánico con el que juega se mantiene, en líneas generales, durante todas las piezas y, pese a los reparos expuestos, el resultado es, como fue, altamente satisfactorio. Habla a las claras de un autor con lenguaje suyo -y sí, con los debidos préstamos tomados de aquí y allá- pero que ha aquilatado una manera de hacer reconocible en gestos, pero a mayores, también en configuraciones, expresiones, estructuras que con solo asomarnos a ella se pueden identificar con rapidez bajo la firma de Carretero.

Fueron cinco las partituras presentadas, cubriendo un arco temporal de 2015 a 2025 y, como en Las doce pruebas de Astérix (cinco fueron, más ajustadas a la realidad que nos ocupa, las que el guerrero galo tuvo que superar en el filme Misión Cleopatra), el músico sevillano tuvo que demostrar que cada una de ellas se aislaba de las demás, captaba la atención, ejemplificaba uno o varios pensamientos hechos sonido y avanzaba a la siguiente etapa. El propio autor, mediante vídeos breves y diáfanamente expositivos, fue desgranando las intenciones de unas y otras aportaciones. Con De semillas y raíces moldea un ostinato rugoso, un punto sordo, que se abre paso buscando su eclosión (en un dramático, rápido y sequísimo crescendo final). Ya en ella el compositor da muestras de lo hábil que resulta escribiendo para percusión y piano (con partes, dedicadas a ambos instrumentos, verdaderamente endiabladas en todas las piezas; mención se hará de la óptima resolución que a todo ello dieron los intérpretes Francisco Montero y Lester Rodríguez, respectivamente). El Étude de vélocité, una obra que ha gozado de un buen recorrido en concierto, se gusta en la exploración de armónicos y de pequeños motivos que se iteran a distintas velocidades; todo está en su lugar y se dan destellos de interés, aunque le pesa una óptica excesivamente formalista, que acarrea ya desde su mismo título.
Parallel lives resultó la obra más sobresaliente del programa, por su contagiosa motricidad, también por la claridad con la que expresa su intención mediante un entramado de “uniones y ramificaciones” que espejean con un ensemble espectro, un conjunto paralelo que se asoma tímida pero contumazmente a través de unos modestísimos altavoces que dan una pátina low-fi inesperada en la nervuda gramática de Carretero. Con Nox est perpetua se adentra en un entorno estético más calmado e íntimo de lo habitual; con un trazo final extenso y en el que se recrea en la exploración de sonoridades titilantes y en suspensión. Una evocación de la noche y la fascinación que esta ejerce que dan razón plena a un autor que asegura acercarse a la composición desde el intelecto y apelando a él, pero también sin perder la noción de juego, y por tanto, de afán de sorpresa, para él mismo y para quien al otro lado, escucha. Sobró quizá, y solo quizá, el recitado no microfonado y parco hecho por algunos de los músicos de los versos de Catulo que sirven como inspiración a la obra.

Las líneas agitadas de Superstition Andalouse reflejaron con oficio y cierto énfasis descriptivo (galope de caballos, entrechocado de piedras, aparición de seres fantásticos…) las imágenes alucinadas de Segundo de Chomón. Obra tras obra Juan García y los integrantes de Zahir (donde señalaremos también los dolientes slaps y la musculosa presencia del clarinete bajo de Gustavo Adolfo Domínguez y la flauta de Alfonso Rubio) demostraron haber estudiado con profusión cada enrevesamiento de los pentagramas, también cada sutileza. Una lección sobresaliente de interpretación y un compositor al que seguir escuchando crecer.
Ismael G. Cabral
Fotos: Luis Ollero


