SEVILLA / La vida pendiente de un teléfono

Sevilla. Espacio Turina. 19-II-2025. Mercedes Gancedo, soprano. Sara Carmona, soprano. Julius Drake, piano. Marc Busquets (director de escena). Poulenc: “Les chemins de l’amour, “Voyage à Paris”, “Hôtel”, “Intermezzo nº 2”. La dame de Monte-Carlo y La Voix Humaine.
Life Victoria Barcelona y la Fundación Victoria de los Ángeles presentaron en Sevilla su espectáculo articulado en torno a dos monólogos líricos de Francis Poulenc, acompañados de tres canciones y una pieza para piano, con la lujosísima participación de Julius Drake al piano, toda una garantía de calidad y musicalidad.
Los dos monólogos líricos de Poulenc tienen en común el tratar de la soledad. La de la dama en el Casino de Montecarlo, que enjuga la amargura de su existencia solitaria en las mesas de juego aparentando una frivolidad que no es más que una máscara. Y la de Ella afrontando una ruptura que sabe de antemano inevitable, con el teléfono como hilo de supervivencia emocional. Dos mujeres, dos vacíos de sentimientos, dos clavos ardiendo a los que asirse desesperadamente, el juego y el teléfono.
Para ambos monodramas Poulenc recurre a textos de un Jean Cocteau que ya ha borrado de su producción literaria los excesos vanguardistas a los que él mismo puso freno con su famoso manifiesto Le Rappel à l’Ordre y su vuelta a un clasicismo que no rehuye la exploración de los sentimientos íntimos.
Tanto por las canciones como por La dame de Monte-Carlo, Sara Carmona pasó de puntillas, con una voz aún en formación, de limitado brillo, blanquecina en algunos momentos. No llegó a aprovechar la languidez elegante de “Les chemins de l’amour” y en el monólogo dejó escapar la oportunidad de instalarse en un fraseo sinuoso, detallado, que hiciese del color un elemento expresivo.
Todo lo contrario que Mercedes Gancedo, que se enfundó a medida el personaje de Ella para plegar la voz a los cambiantes momentos afectivos, siempre con voz bien colocada, con cuerpo, cuidando minuciosamente los parlatos. Fue especialmente cuidado su fraseo en esos recitados apresurados, nerviosos, en estilo “concitato”, difíciles por el sentido dramático y por el peligro de descolocar la voz. También en los momentos más tiernos supo controlar la emisión, utilizar la media voz y el sotto voce, dando plena credibilidad al personaje. Al otro lado del teléfono, un Julius Drake magistral que parecía hablar con Ella. Sólo por verlo y oírlo hacer del piano un personaje merecía la pena asistir a este espectáculo. Busquets planteó una escena comedida, con los elementos imprescindibles y los movimientos justos para no caer en el exceso sentimental, sugiriendo en el final de La Voix Humaine el trágico desenlace de la historia.
Andrés Moreno Mengíbar
(foto: Luis Ollero)


