SEVILLA / La sonoridades acariciantes de Phaedrus

Sevilla. Iglesia de San Luis de los Franceses. 23-III-2024. Festival de Música Antigua de Sevilla 2024 (Femás). Phaedrus: Emma-Lisa Roux, voz y laúd. Mara Winter, Luis Martínez Pueyo y Liane Sadler, flautas traveseras renacentistas. The King’s Flutes. La flauta travesera en la música de la corte de los primeros Tudor. Obras anónimas y de Enrique VIII, Agricola, Ortiz, Compère, Richafort, Cowper, Lloyd, Farthing, Févin, Sermisy, Arbeau y Ghizeghem, procedentes del manuscrito de Enrique VIII, el Libro de canciones de Ana Bolena y el Royal Appendix 58 de la British Library.
Sin un sentido moderno de la armonía, puramente basada en el refinamiento del perfil melódico y el contrapunto, la música de las primerísimas décadas del siglo XVI es muy lejana a la estética actual. Si además es servida por un conjunto tan inhabitual como el consort de flautas traveseras, y en concreto por uno procedente de la ortodoxísima Schola Cantorum Basiliensis, era temible que el concierto se convirtiese en un tostón academicista.
Nada más lejos de los sucedido. Por supuesto que Phaedrus fue riguroso musicológicamente y que cuidó al detalle el estilo, pero en el mejor sentido: la música sonó como recién compuesta, espontánea, muy bien dicha (o sea, articulada), con disminuciones ricas y pertinentes, un sonido muy bello y poderoso en sus traveseras cilíndricas (al menos para la pequeña y preciosa iglesia de San Luis), y con mucho empuje rítmico sin sacrificio de la conjunción, algo fundamental en una música tan contrapuntística. Mucho tuvo que ver en todo ello el liderazgo de Mara Winter, una excelente flautista que acertó de pleno en su Ortiz, dicho sea sin menoscabo del buen trabajo de Martínez Pueyo y Sadler.
El repertorio reproducía el que se escuchaba en la intimidad de Enrique VIII, a cuya muerte se le inventariaron nada menos que setenta y dos flautas traveseras. De la parte vocal y simultáneamente –algo meritorio– del laúd se encargó una delicada y limpia Emma-Lisa Roux, de voz muy afinada (nada fácil en un repertorio así) y con un timbre bello y muy personal, un tanto nasal, que se agradece en un momento de voces demasiado estandarizadas en el mundillo de la antigua.
Juan Ramón Lara
(foto: Lolo Vasco)


