SEVILLA / La espontaneidad del ‘nuevo violone’ de Ismael Campanero

Sevilla. Iglesia de San Luis de los Franceses. 13-III-2024. FEMÁS 2024. Ismael Campanero, violone en sol, y Daniel Oyarzábal, órgano y clave. ‘The new violone’. Sonata II de G.B. Fontana. Adagio del Concierto RV 314a y Concierto para fagot RV 395 de A. Vivaldi. Sonata en trío BWV 527 y Sarabande de la Suite para chelo BWV 1008 de J.S. Bach. Aria nº5 de J. Eccles. Sonata II de Dario Castello, Toccata Prima del II Libro de G. Frescobaldi, Curtain tune on a ground de Henry Purcell.
Afinado habitualmente en sus cuatro cuerdas más agudas como un contrabajo pero una octava más arriba, el violone en sol permite a los contrabajistas asomarse con naturalidad al mundo del repertorio solista barroco. Así lo disfruta el joven Ismael Campanero, cuya actitud musical, sólida técnica y una elección muy atinada del repertorio convierten su programa, The new violone, en una experiencia muy disfrutable.
Porque la altura de la cúpula de la bellísima iglesia de San Luis de Sevilla y la resonancia natural del instrumento de seis cuerdas de Campanero parecían prometer un sonido poco inteligible. Sin embargo su agilidad y decisión con el arco y, sobre todo, una elección inteligente de obras permitieron salvar esa dificultad, solo molesta en el tercer movimiento de la sonata en trío de Bach.
El programa, preñado de highlights del Seicento (lo mejorcito de Fontana y Castello) y selectos adagios de Bach y Vivaldi, estaba sabiamente poblado de obras de aire improvisatorio con armonías estáticas, que permitieron al solista jugar con una amplia variedad de golpes de arco saltados y, sobre todo, con el tempo. Tocando de memoria siempre, Campanero se atrevió incluso a ornamentar al mismísimo Bach y tocó siempre con contagiosa espontaneidad. Tan hábil en el agudo con la izquierda como con el arco en la mano derecha, el violonista cerró el programa con un concierto de Vivaldi prácticamente (y muy bien) reescrito que permitió lucirse a ambos solistas. Oyarzábal había ya mostrado su solvencia habitual en el continuo, aumentada con una bien planificada alternancia entre clave y órgano positivo.
Juan Ramón Lara
(foto: Lolo Vasco)


