SEVILLA / Clásicos somnolientos

SEVILLA / Clásicos somnolientos

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 28-11-2019. Leticia Moreno, violín. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Eivind Gullberg Jensen. Obras de Mendelssohn y Mozart.

Deseamos al director de orquesta noruego Eivind Gullberg Jensen una fructífera tarea al frente de la Ópera Nacional de Bergen que controlará a partir de 2021. Como también esperamos que el público de aquella ciudad no tenga que padecer su notoria incapacidad para convertir a Mozart en el más lánguido y aburrido de los compositores.

Estamos convencidos, ha de ser así, que sus especialidades serán otras. En su visita como invitado a la Sinfónica de Sevilla despachó un programa clásico con el Concierto para violín y orquesta nº5 ‘Turco’, de Mozart, como plato principal. La ROSS, a la que siempre le ha costado este repertorio y con el que prácticamente solo ha brillado en las comparecencias de Enrico Onofri, ofreció una versión antológica en cuanto a todo lo que no debe ser Mozart. Apagado, mal articulado, de rudimentario fraseo, denso y pesante, profundamente rutinario y hasta vulgar. Nada de electricidad, de nervio y sin atisbo de rusticidad.

La solista, Leticia Moreno, se contagió de este Mozart envarado. Sí mantuvo una línea muy homogénea, tanto que hoy cuesta encontrar referencias interpretativas así. Sin ningún desgarro ni invención, la violinista leyó el Concierto con tanta convicción como escasa imaginación. Fuera de estilo, usó a granel el vibrato y se mostró inopinadamente dramática en el Adagio.

Con la Sinfonía nº3 ‘Escocesa’ de Mendelssohn el concierto viró positivamente. Cierto es que no hubo compromiso estilístico alguno (con una orquesta mucho más recargada de efectivos de lo deseable) y cierta tendencia a la ampulosidad en el final, pero al menos Gullberg Jensen planificó bien la obra y esta gozó de una respuesta sólida de la Sinfónica. El programa había arrancado, por cierto, con la célebre obertura de Las Hébridas, en la que ya advertimos el tono plúmbeo que, entonces temimos, acabaría aniquilando a Mozart.

(Foto: Guillermo Mendo)